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SUPERIOR DE PASTORAL DE JUVENTUD(ISPAJ)

SEMINARIO
Capítulo cuarto
EL ASESOR EN EL MODELO DE PASTORAL JUVENIL DEL INSTITUTO
SUPERIOR DE PASTORAL DE JUVENTUD (ISPAJ)
En este capítulo propongo analizar críticamente la propuesta de la asesoría que ofrece el
modelo de Pastoral Juvenil desarrollado por el Instituto Superior de Pastoral de Juventud de
Chile (ISPAJ), para lo cual seguiré la misma guía de análisis utilizada en el capítulo tercero.
En América Latina y el Caribe, en las últimas décadas del siglo XX, se han venido
desarrollando en diversos lugares de su geografía, algunos modelos de pastoral juvenil en
sintonía con las orientaciones de la SEJ del CELAM. El ISPAJ se encuadra en este camino de
la Iglesia latinoamericana que opta por la evangelización de los jóvenes.
Además de presentar esta propuesta pastoral en sus partes fundamentales, conociendo más de cerca su
historia, nos detendremos en la propuesta pedagógica y metodológica que el ISPAJ ofrece a los asesores a fin de
tocar la vida de los jóvenes con el Evangelio de Jesús, en el contexto de la cultura actual. De ahí la importancia
que daré a la mirada a la realidad juvenil - de la cual provienen los desafíos pastorales- y la respuesta formativa
concreta que se pretende brindar - con un estilo pedagógico y con una opción metodológica pertinente -. No se
desarrolla con amplitud los criterios teológico-pastorales y antropológicos que iluminan este modelo de
evangelización juvenil porque fundamentalmente están en sintonía con los de la SEJ del CELAM ya vistos en el
capítulo anterior, por esta razón están mínima pero suficientemente señalados. Luego me detendré en la propuesta
de asesoría que realiza este Instituto de Chile, analizando también el rol del animador.
Para esta tarea procederé del mismo modo que lo hice en el capítulo anterior, es decir,
en el primer momento realizo una presentación del modelo en sus líneas fundamentales, siguiendo la matriz de
análisis que nos indica el camino a seguir.
Conviene recordar, una vez más, que esta propuesta del ISPAJ ha ejercido un notable
influjo en la elaboración del Plan de PJVC de los Misioneros Claretianos de Argentina-Uruguay, de ahí la
necesidad de analizarla críticamente, a fin de tomar aquellos elementos que nos permitan redefinir el rol del
asesor claretiano desde la perspectiva de su identidad, espiritualidad y misión.
1. El autor: un Instituto nacido para la evangelización de los jóvenes
El Instituto Superior de Pastoral de Juventud (ISPAJ) es un organismo fundado en 1970,
dependiente de la Conferencia Episcopal de Chile, destinado a apoyar científica y
técnicamente la pastoral de juventud dentro de la labor evangelizadora de la Iglesia. Su tarea
está centrada en tres áreas de trabajo: la capacitación de agentes pastorales de jóvenes, el
ofrecimiento de una propuesta pedagógico-metodológica para acompañar el proceso pastoral y
la investigación pastoral del mundo juvenil, elaboración y publicación de materiales de apoyo
SEMINARIO
a la pastoral juvenil.[1]
A continuación se hará una breve historia de estas tres décadas del ISPAJ como una forma de comprender quien
este autor y su propuesta de la asesoría en clave de una formación que debe traducirse en una profunda
evangelización de los jóvenes. Al mismo tiempo iré presentando las publicaciones que este Instituto ha ido
produciendo, las cuales nos facilitarán una idea más acabada al respecto.
1.1. Breve historia del ISPAJ en el contexto de la pastoral juvenil latinoamericana.
El ISPAJ nace a poco más de la mitad del siglo XX, al final de la década de los ‘60, cuando a nivel mundial
América Latina cobraba una nueva presencia en el mundo como el continente del futuro, reivindicando el derecho
a una identidad propia[2]. El mundo católico vivía la inmensa conmoción que significó el Concilio Ecuménico
Vaticano II, que llenó de vida la experiencia eclesial. A fines de esa década, en América Latina, comenzaron a
surgir las comunidades juveniles, en un intento por vivir la fe en grupos a medida humana, constituyéndose en
espacios de reflexión intelectual y de refuerzo de la ética del compromiso con el cambio social. Se experimenta
con mucha fuerza el Dios liberador de los oprimidos siguiendo la inspiración de la II Conferencia Episcopal
Latinoamericana reunida, en 1968, en Medellín, Colombia.[3]
1.1.1. Una década para confirmar el protagonismo social
Para dialogar y acompañar a esos jóvenes nació el ISPAJ. Su primera actividad, desde su
creación a inicios de los años ‘70, hasta comienzos de la década de los ‘80, se concentró en la
Catequesis de Confirmación. Un aporte importante producido por este Instituto en esta línea
de trabajo pastoral, para Chile y otros países de América Latina, fue el Programa de
Confirmación “Juventud y Pueblo de Dios” editado en 1974 y reeditado en 1978. En este
trabajo ya se manifestaba el modo interdisciplinar con que el ISPAJ aborda la tarea
evangelizadora, como un modo de poder estar en condiciones de dialogar y orientar al nuevo
actor social: los jóvenes[4]. La formación de agentes pastorales, durante esta década de los 70,
estuvo centrada en capacitar asesores y monitores de Confirmación y consistía básicamente en
entregar los fundamentos teológicos pastorales del programa de catequesis “Juventud y Pueblo
de Dios”.[5]
Hacia fines de la década de los 70, comenzó un incipiente proceso de redemocratización, luego de la ola de
dictaduras que asoló al continente latinoamericano, dejando el pavoroso saldo de miles de exiliados, muertos y
desaparecidos. En América Latina, desde el punto de vista religioso católico, los jóvenes se interesaron más que
nunca en la participación comunitaria, llegando a ser la más importante instancia de organización de los jóvenes.
La experiencia comunitaria, sin embargo, tenía acentos distintos a los del período anterior. Se experimenta con
mucha intensidad el Dios de la Vida, cuya Presencia se discierne en la vida cotidiana.[6]
1.1.2. Convocar al discipulado de Jesús en plena década del desencanto
En la década de los ‘80 el panorama cultural de occidente fue marcado por el derrumbe de las utopías, es
decir, por la falta de confianza en las grandes ideas que motivaron a las generaciones anteriores, tales como el
progreso científico, los cambios socio-políticos, el crecimiento económico, el liberalismo social, etc. Todo esto
afectó particularmente a los jóvenes que se desengañaron del futuro, rechazaron la autoridad y en número cada
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vez más creciente, se entregaron a un enervante presente de drogas, cuyos índices comenzaron a aumentar
peligrosamente, junto con el liberalismo sexual y el SIDA, que vino a poner una nota aterrorizante.
La generación de adolescentes y jóvenes de esta década ha vivido en una cultura marcada
por la desconfianza en los proyectos de largo plazo y su reivindicación del momento presente.
Su proyecto inconsciente pareciera ser adolescentes para siempre; asumiendo con realismo la
fragmentariedad de la cultura moderna, no pretenden cambiarla, quieren permiso para vivirla.
En este tiempo, la pastoral juvenil, vivió el tiempo de las comunidades para sostener el sentido
de la vida en Jesucristo, secundando así la “opción preferencial por los jóvenes” del
Documento de Puebla. También las comunidades se convirtieron en un espacio de superación
del desarraigo y la falta de identidad.[7]
En esta década de los 80 el ISPAJ amplió su espectro de acción pastoral hacia la
evangelización de todo el mundo juvenil ante la afluencia de adolescentes y jóvenes a la
Iglesia. La inspiración pastoral de fondo que orientó su quehacer fue colaborar en la misión de
la Iglesia Latinoamericana de promover la liberación integral del hombre para construir la
Civilización del Amor en una Iglesia servidora de la vida.[8] Por ello, la propuesta no estaba
ya centrada en la catequesis de Confirmación sino en la convocatoria a los jóvenes, a vivir una
experiencia de discipulado en una pequeña comunidad juvenil.[9]
En grandes líneas, el trabajo de esta década se tradujo en una reflexión y elaboración de propuestas para
fortalecer una Pastoral Juvenil Orgánica propuesta por la SEJ del CELAM. Los principales frutos fueron tres
reflexiones: la identidad juvenil como experiencia de Iglesia, la relación entre evangelización y formación juvenil
y la Pedagogía Pastoral con la sistematización de un método de formación, adecuado a las necesidades de los
jóvenes. Todo este esfuerzo de reflexión se expresó, en 1987, con la publicación, en conjunto con la Comisión
Nacional de Pastoral Juvenil de Chile del libro “Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y
evangelización”. Tres publicaciones que traducen estos contenidos para los animadores son: “El animador en la
comunidad juvenil”, “ El camino comunitario”, “ Apuntes para una pedagogía pastoral” y “Método de
formación experiencial. Destinado a los animadores de pastoral juvenil”. [10]
Un esfuerzo importante del ISPAJ en esta década de los 80, fue la investigación acerca de cómo los jóvenes
estaban resolviendo los desafíos del mundo de los afectos y de la participación social y política. A partir de esos
datos se elaboraron y publicaron dos materiales de formación para las comunidades juveniles: “Jóvenes en un
mundo político” (1983) y “El encuentro humano, una relación de amor” (1985).
Todos estos logros y producciones se comprenden dentro del contexto histórico que, en ese momento, lo hizo
posible. Todo lo anterior se puede sintetizar diciendo que el acierto del ISPAJ fue dar con el salto cualitativo de
una pastoral definida por su ubicación geográfica (la parroquia) a una pastoral que se define desde el encuentro
humano (la comunidad). La situación de entonces exigió esta respuesta pastoral para cultivar entre los jóvenes
más desprotegidos, los valores de la democracia y la convivencia fraterna. Fue lo que sucedió en toda América
Latina con el descentramiento de la parroquia en comunidades eclesiales de base.[11]
1.1.3. La década de reconocer a los jóvenes, entre los sueños y la realidad
La década de los 90 coincide con el inicio del período democrático en Chile, los modos de evangelización y de
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educación de la fe en los jóvenes estaban necesitados de una seria revisión a la luz del nuevo contexto de
relaciones sociales que se estaban iniciando y sobre las cuales no tenían ninguna memoria, sólo sueños y
promesas. La democracia, sueño que se hace realidad, plantea el desafío de discernir la presencia de Dios que
nos habla e integra ambas experiencias, evitando así la disociación de la experiencia juvenil que los lleva a la
falsa alternativa de elegir entre sus sueños y su nueva realidad.[12]
Así como los años 80 significaron para el ISPAJ un afianzamiento de las bases del Modelo de Pastoral Juvenil
Orgánica impulsado por el CELAM, la década de los 90 se ha caracterizado por la diversificación de esta
propuesta, a partir de un conocimiento más acabado de cada etapa de la vida juvenil y también de diversos
ambientes y desafíos específicos. El estudio de mundo o de los mundos juveniles dejó en evidencia que los
protagonistas de cada período social no son los mismos jóvenes, y estos son más fieles a su época que a sus
rasgos fisiológicos. De allí la necesidad de re-conocer a los jóvenes, siguiendo las orientaciones del Documento
de Santo Domingo que busca reafirmar la opción preferencial por los jóvenes de Puebla, de manera no sólo
afectiva sino efectiva, dando relevancia a la pastoral juvenil de medios específicos donde están, viven y actúan los
jóvenes.[13]
1.1.4. El esfuerzo por conocer y responder las diversas etapas
La primera investigación realizada por el ISPAJ en la década de los 90, a fin de re-conocer a los jóvenes se
llamó “Los jóvenes y su visión del mundo” y estaba orientada a indagar sobre la vida de los adolescentes y su
modo de ver el mundo. Se pudo comprobar, al respecto, que los adolescentes que inauguran la década tienen una
mirada más práctica de la vida, están más preocupados por realidades más cercanas e inmediatas, no vibran,
como generaciones anteriores, con los discursos del cambio social, sino con experiencias directas y concretas de
encuentro humano. Asimismo, se muestran críticos a la escuela, aunque siguen considerando necesario el
estudio. Crecen más solos, en núcleos familiares más pequeños y móviles. La vida tiene un sentido de entrega
generosa a otros, y esto es más evidente en los jóvenes que participan en alguna experiencia eclesial. Según esta
investigación, la década de los 90, trajo un joven que busca ser héroe en lo cotidiano, y ahí necesita sentirse
acompañado.[14]
A lo largo de esta década, como una respuesta a esta realidad, se publicó el proceso formativo destinado a
acompañar la vida de las comunidades de adolescentes en las parroquias del mundo urbano, constituidas en su
mayoría, por adolescentes estudiantes. Los títulos de estas publicaciones son “Jóvenes de para un mundo nuevo I,
II y III”, para acompañar el camino de la comunidad juvenil en la primera, segunda y tercera etapa, pubicados
en 1991, 994 y 1997, respectivamente. Por otra parte, al contar con una propuesta formativa (basada en el
conocimiento de los adolescentes, con la propuesta de ser discípulos de Jesús en comunidad, que se acompañaba
con un una pedagogía pastoral y un itinerario formativo desplegado en tres etapas) la capacitación de asesores y
animadores de pastoral con adolescentes cobró un gran vigor.[15]
Mientras tanto, por esos años, se producía un hecho llamativo en el mundo pastoral: la irrupción de los
preadolescentes en las parroquias. Esto planteó la necesidad, en el marco incluso de la Pastoral Juvenil
Latinoamericana, de desarrollar propuestas formativas que tomasen en cuenta este fenómeno[16]. Un estudio en
este sentido fue realizado por el ISPAJ para conocer los rasgos de la pre-adolescencia, nuevo actor pastoral que
participa en las parroquias. El proyecto de investigación se ejecuta en Santiago de Chile durante 1995 y se publica
a fines de 1996 con el título: “Adiós a la niñez”. Entre sus conclusiones está el hecho de constatar una dinámica
más colectiva y circunstancial. Los pre-adolescentes buscan experiencias que los conmuevan, no son amigos de
los procesos discursivos sino más bien activos, necesitan de adultos con quienes interactuar. Viven con temor a
crecer y a dejar de ser los niños que ya no son. Fruto de este mayor conocimiento de sus necesidades y desafíos,
el ISPAJ elaboró una propuesta de atención pastoral a través de la participación grupal. Los fundamentos de la
propuesta, sus líneas de acción y el proceso formativo, se publicó en 1998, con el título “Talitha Qum”. Al
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mismo tiempo se comenzó a ofrecer un programa de capacitación de asesores de pastoral juvenil con
preadolescentes.[17]
Por último, al otro extremo del arco de la vida juvenil, se encuentran los jóvenes adultos,
quienes venían teniendo una escasa atención pastoral. Por este motivo, en 1998 este Instituto
realizó una investigación para conocer cómo es ser un joven adulto en los 90, abarcando a los
jóvenes que tienen entre 20 y 29 años. Se buscaba profundizar en los contenidos de su
identidad generacional, en sus proyectos personales y sociales, en los desafíos que enfrentan,
en sus necesidades y en su sensibilidad religioso espiritual. Los resultados de esta
investigación se publican en 1999 con el título: “Jóvenes después de los 20: la identidad
generacional”. La misma permitió concluir que los adultos jóvenes tienen necesidad de
limpiar la mirada respecto a la adultez: superar el temor a madurar; dar contenido explícito a
su generación, encontrando tareas generacionales propias que definan por dónde va su aporte a
la sociedad; superar la idea que ya todo está hecho; encontrarse consigo mismo y con sus
necesidades internas; elaborar la autonomía, sanando las relaciones con los adultos, superando
las dependencias y los sentimientos de temor-narcisismo para establecer vínculos y cuidarlos.
[18]
1.1.5. El esfuerzo por conocer y responder a ambientes y necesidades específicas
Las Orientaciones del CELAM sostienen que, para poder presentar “de modo atractivo y
accesible a la vida de los jóvenes los ideales evangélicos”[19] , es necesario llegar no sólo a
los jóvenes tomados en un sentido general, sino a los jóvenes en su situación y en su medio
particular, en el momento y en las dificultades por las que pasa en su vida cotidiana. Razón
por la cual la PJ Latinoamericana ha optado, como se vio en el anterior capítulo, por una
pastoral juvenil orgánica y diferenciada que se desarrolla en los medios y ambientes propios,
en los cuales responder a las necesidades específicas de los jóvenes[20]. Desde esta
perspectiva, enriquecida por el renovado impulso misionero de la Iglesia con motivo de la
celebración del Jubileo, el ISPAJ ha diversificado, durante los años 90, su quehacer en función
de las necesidades propias de la pastoral juvenil que nace de ambientes y necesidades
específicas.
A comienzos de la década de los 90 se hizo urgente buscar una respuesta más específica
para los ámbitos de la pastoral rural y escolar ya que sus asesores, en número cada vez más
creciente, participaban de los cursos organizados por el ISPAJ que estaban destinados hacia
los jóvenes de los grupos parroquiales, principalmente adolescentes y de cultura urbana[21].
En 1992 este Instituto desarrolló una investigación en la Diócesis de Chillán, a fin de conocer
las necesidades de los jóvenes del mundo rural y probar líneas de acción para desarrollar una
pastoral juvenil rural. Los conocimientos adquiridos en este esfuerzo conjunto con Chillán
fueron probados en otras diócesis rurales y, como fruto de este trabajo, se implementó el Curso
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de Capacitación para Asesores de Pastoral Juvenil Rural y el Curso de Animadores de Pastoral
Juvenil Rural, que se ofrecen desde 1993. En 1997, y como fruto de este trabajo, se realiza la
publicación “Preparar el camino. Itinerario de acompañamiento para comunidades juveniles
rurales y de ciudades pequeñas”, que contiene los temas que los mismos jóvenes señalaron
como sus necesidades.[22]
Por otra parte, a comienzos de la década de los 90 creció muchísimo la participación en los
cursos de capacitación, de asesores provenientes del mundo escolar, buscando mejorar la
respuesta de la pastoral juvenil escolar. Se asumió este desafío implementando el Curso de
Capacitación para Asesores de Pastoral Juvenil Escolar y el Curso de Capacitación para
Animadores de Comunidades Juveniles Escolares. Esta aproximación al mundo de la escuela
permitió al ISPAJ conectar con el desafío más de fondo de la pastoral escolar, que consiste en
responder armónicamente a la necesidad de educar y evangelizar. En base a una
investigación hecha en 1995, que integra la percepción del rol que tiene el joven-alumno y el
adulto-profesor respecto a la educación, a sí mismo y con relación al otro, se comprobó que,
para el proceso educativo, quien necesita más acompañamiento no es el joven estudiante sino
el adulto-profesor.[23]
En otro ámbito, también desde los inicios de la década de los 90, en el ISPAJ había
conciencia de que la Pastoral Juvenil y la Pastoral Vocacional venían haciendo caminos
paralelos, mirándose con cierto recelo, cuando no con abiertos reproches, aunque no se
ignoraba la complementariedad mutua de sus desafíos.
La propuesta formativa del ISPAJ, lo veremos más adelante, se expresa en un modelo
orgánico de PJ, e invita a los jóvenes a vivir una experiencia comunitaria, como pequeña
Iglesia en torno a Jesús, donde pueden pasar por un proceso formativo que busca partir desde
el dato de su fe inicial hasta llegar a una fe más madura, a través de la consolidación su
maduración individual, grupal y social. Si bien es cierto que el ISPAJ reconocía que esta
propuesta había hecho un enorme servicio a la resolución del proyecto vital de los jóvenes, sin
embargo, contaba con indicadores que hacían ver la necesidad de trabajar más esta dimensión
vocacional, por ejemplo: la lentitud de muchos jóvenes en resolver su etapa de vida, la falta de
convicción con que se toman algunas decisiones que comprometen la vida, los matrimonios y
los consagrados que fracasan tempranamente, etc.[24]. Todo lo cual llevó al convencimiento
que se debía dar más cabida a lo vocacional dentro de la pastoral con jóvenes. Con la
colaboración de tres religiosos y un sacerdote, en 1995 se comenzó a trabajar hasta elaborar
una propuesta formativa para acompañar la clave vocacional dentro de la pastoral juvenil. La
investigación bibliográfica realizada y el trabajo de elaboración han tenido los siguientes
frutos: un curso de capacitación de asesores de pastoral juvenil en clave vocacional, que se
imparte desde 1996, y tres publicaciones. Una, editada en 1996, titulada “La fuerza de la
bellota. Orientaciones para una pastoral juvenil en clave vocacional”. Las otras dos fueron
editadas en 1999 y se titulan “Una fuerza incontenible. Los adolescentes y la vocación.
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Itinerario de encuentros disparadores” y “De cara al viento. Los jóvenes y la vocación,
itinerario de encuentros disparadores”.[25]
Concluyendo la descripción del camino recorrido por el ISPAJ en su tarea de investigación,
publicación y capacitación formativa, se puede afirmar que el hilo conductor del mismo es la
formación evangelizadora de los preadolescentes, adolescentes y jóvenes, orientada a educar
una mirada creyente sobre la vida y la historia, integrando la fe con la vida y la fe con la
cultura en sus ambientes específicos. Me parece importante destacar la metodología de trabajo
de este Instituto frente al contexto cambiante de los jóvenes. Como he dejado ver en ester
recorrido histórico, siempre se parte de una investigación a un determinado sector juvenil y a
partir de allí se elabora una propuesta formativa que sea una respuesta evangelizadora a sus
necesidades reales, que se concreta, también, en una publicación para el trabajo pastoral.
1.2. Su preocupación central: la formación evangelizadora comunitaria
La preocupación fundamental del ISPAJ es la formación evangelizadora de los jóvenes,
orientada a educar una mirada creyente sobre la vida y la historia, integrando la fe con la vida
y la fe con la cultura, para descubrir el Reino de Dios como don y tarea en la historia de la
humanidad, llamada a prolongarse más allá del tiempo.[26]
Esta preocupación se concreta en el impulsar la aplicación del Modelo Orgánico de
Pastoral Juvenil que en el continente latinoamericano se viene proponiendo desde hace más de
dos décadas. El modelo propone vivir una experiencia comunitaria, como pequeña Iglesia en
torno a Jesús, donde los jóvenes pueden realizar un proceso formativo a partir del dato de su fe
inicial para llegar a una fe más madura, consolidando su madurez individual, grupal y social.
Para lo cual se propone la formación cualificada de asesores y animadores como un ministerio
eclesial.
De allí que al ISPAJ le preocupe la vida cotidiana del joven como el lugar privilegiado de
la acción formativa, el sentido comunitario de la formación, el concepto procesual de la
formación, la importancia de la pedagogía en la evangelización.
1.3. Todos los jóvenes, primeros interlocutores de la propuesta formativa
Al presentar el camino recorrido por el ISPAJ durante las décadas anteriores hemos visto
que ya en la década de los ’80 se amplió la visión pastoral del Instituto, asumiendo la acción
evangelizadora destinada a “todo el mundo juvenil”, dado que por diversas circunstancias,
entre ellas la dictadura militar, los adolescentes y jóvenes afluían en masa a las parroquias y
comunidades cristianas, también a los seminarios y casa de formación, buscando espacios de
libertad y participación democrática.
Desde entonces la propuesta del ISPAJ quiere acompañar a todos los jóvenes a enfrentar
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con una mirada creyente los desafíos de vivir, crecer y comprometerse. Pero con una mirada
diferenciada, es decir, los destinatarios de su propuesta son los jóvenes que participan a nivel
masivo, los que participan a nivel esporádico y los que participan a nivel estable. Es decir, los
jóvenes de todo el mundo juvenil, los jóvenes que se acercan a la Iglesia y los de las
comunidades juveniles. Cada uno de estos niveles tiene sentido en sí mismo, es un desafío y
una tarea que no se puede descuidar, sobre todo porque los dos primeros son signos
importantes de una pastoral audaz, profética y misionera.[27]
1.3.1. La opción por el nivel estable con una mirada amplia
Aunque el ISPAJ tiene claro los distintos niveles de participación, sin embargo, propone
optar por una atención pastoral preferencial al nivel de participación estable para generar así
una PJ educadora, acentuando el aspecto formativo, lo cual requiere cierta estabilidad y
continuidad en el tiempo, ya que es allí donde el proceso evangelizador alcanza su máximo
despliegue e importancia. De allí su propuesta, asumida luego en las Orientaciones nacionales
de la PJ Chilena y por la SEJ del CELAM, de proponer la comunidad juvenil como el espacio
propicio para el nivel estable de participación, constituyendo el elemento central del esfuerzo
evangelizador y formativo de los jóvenes. Son el fermento en la masa. Hay razones
pedagógicas y teológico-pastorales de fundamentan la opción de hacer de estos jóvenes su
principal interlocutor.
En la medida que se fue caminando en esta dirección, la práctica pastoral ha hecho ver que
para que la fe llegue a ser fuente de inspiración y criterio de vida, los jóvenes necesitan ser
acompañados cercanamente en sus inquietudes, en sus desafíos, intereses y limitaciones. Todo
lo cual exige una mirada detallada sobre sus vidas, con sensibilidad pastoral para responder a
sus necesidades diversificadas. De allí que el Instituto dedicó sus esfuerzos, durante la década
de los ’90, a conocer y responder a las diversas etapas de la vida juvenil: pre-adolescentes (10-
14 años), adolescentes (15-19 años) y jóvenes (20-24 años); y a conocer y responder a
ambientes y necesidades específicas de los jóvenes, especialmente en el ámbito rural, escolar y
vocacional.
1.3.2. Una nueva mirada sobre los interlocutores: la diversidad en el discipulado
Todo este panorama ha madurado en la actualidad. El ISPAJ afirma que los jóvenes viven
la experiencia de ser discípulos de Jesús de diversas maneras. La viven comprometiéndose en
un grupo o comunidad, donde viven un proceso de maduración de la fe o participando
normalmente en la vida de la Iglesia, es decir, participando regularmente en la eucaristía
dominical y, ocasionalmente, en talleres, jornadas, retiros, etc., sin pertenecer a un grupo o
comunidad de modo estable. Lo que cuenta es que la experiencia del discipulado se viva en la
existencia, en la sociedad, en la historia de todos los días, para que todo puedan disfrutar del
Reino que Jesús vino a anunciar.
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Hoy los referentes pastorales o interlocutores de su propuesta son, como ayer, todos los
jóvenes. Pero hace la opción de servir a todos los jóvenes, no sólo los que se acercan a la
Iglesia o se sienten cristianos. La PJ propuesta por el ISPAJ, tiene la misión de hacer posible
que todos los jóvenes del sector[28] (parroquia, colegio, etc.) puedan llegar a participar de la
solidaridad, de la justicia, de la fraternidad, de la experiencia de Dios, de la alegría, del
consuelo y de la paz. Tal vez, reaccionando a un modo equivocado de cómo algunos habían
entendido la opción por los jóvenes del nivel estable, o sea, de la comunidad juvenil. Los
jóvenes discípulos de la comunidad, si han descubierto su misión eclesial, no pueden quedarse
encerrados entre las paredes de la Iglesia. De modo que los destinatarios hoy son dos: todos los
jóvenes que viven el discipulado de diversa manera (grupos, comunidades, catequesis, liturgia,
talleres, etc.) y todos los jóvenes necesitados a quienes se desea acercar los frutos del Reino.
[29]
1.4. Las fuentes del ISPAJ: la práctica y la reflexión de aquí y de allá
El ISPAJ para su reflexión y para su propuesta formativa se sirve del Magisterio universal
[30] y latinoamericano[31], de la reflexión teológica-pastoral latinoamericana, de las
orientaciones de la Pastoral Juvenil Nacional de Chile y de la SEJ del CELAM. También de la
confrontación con las propuestas de otros Institutos de Pastoral Juvenil de América Latina[32].
Otra fuente de inspiración es la reflexión hecha por Riccardo Tonelli sdb y el Departamento de
Pastoral Juvenil y Catequesis de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma. El ISPAJ, al ser
un equipo interdisciplinar se sirve en su propuesta formativa de las ciencias teológicas, de las
ciencias educativas, sociales, y de la comunicación. Otra fuente, la primera en cuanto
manantial de la reflexión y de la acción pastoral propuesta, es la situación concreta de vida de
las y de los jóvenes de Chile y de América Latina y el Caribe con sus desafíos pastorales.
2. El contexto de la realidad chilena y latinoamericana
El panorama de la realidad sociocultural en que se desenvuelve la vida de los jóvenes en
Chile (donde surge esta propuesta pastoral) pero que es común al menos a la mayoría de los
países de América Latina “abre o cierra posibilidades a la auténtica humanización, a la
convivencia solidaria y a la apertura a Dios”.[33]
Sin duda “el horizonte cultural ha variado considerablemente en Chile durante los últimos
treinta años y en comparación con lo que se venía observando en los primeros dos tercios de
este siglo. Lo central del cambio se refiere a la industrialización capitalista urbana y a los
procesos culturales asociados a ella. Esto está fuertemente ligado a la penetración del poder
económico y político de los países industrializados”.[34]
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Las principales características de este proceso son: la creciente urbanización, la expansión
de la educación, la preponderancia de los medios de comunicación social en la vida nacional,
la incorporación de la mujer a la vida laboral, la democratización de la familia, la importancia
creciente del niño y del joven en la vida social.[35]
Estos rasgos expresan que el cambio más profundo en la realidad cultural chilena y latinoamericana se refiere
a la forma de adquirir el sentido de la vida (cómo, por qué y para qué vivir). En la sociedad actual hay una oferta
de diversos y divergentes sentidos de la vida, de modo que nos movemos como consumidores en una especie de
mercados de sentidos. De tal modo que el cambio fundamental en el panorama cultural es haber pasado de una
sociedad en que el sentido de la vida estaba dado por la tradición, a una sociedad en que este sentido puede ser
elegido por los individuos.
2.1. Los desafíos globales de la juventud, valores y acentos formativos a potenciar
El ISPAJ subraya algunos acentos valóricos de la juventud de hoy, acogiendo y celebrando
la manifestación del Espíritu en las nuevas generaciones: los jóvenes buscan dar respuesta a
su necesidad de Dios, la mayoría dice creer en Jesús y son pocos los que se sienten
indiferentes ante la religión. También, están convencidos que la verdad esta en el propio
corazón: defienden su derecho a ser sujetos de toda propuesta acerca de sus vidas. Tienen más
posibilidades educativas: hay más posibilidad de estudio que años atrás, los jóvenes poseen
una mentalidad técnico racionalista y menos dispuestos a la resignación. Poseen un gran
sentido de libertad personal: no se sienten obligados a repetir modelos por simple argumento a
la tradición. Gozan de una mayor exigencia de calidad afectiva en las relaciones
interpersonales. Son menos influenciados por los prejuicios sociales o raciales que
generaciones anteriores, más inclinados a la participación con jóvenes de diferentes clases
sociales. Viven la felicidad del momento presente, con sentido de gratuidad y con gran
sentido de fiesta.[36]
Ante esta realidad el ISPAJ sostiene que la cultura juvenil está necesitada de algunos
acentos formativos: en primer lugar, se trata de superar la lógica de la competencia y el
individualismo, descubriendo el valor de la cooperación, la solidaridad y la participación.
También de superar la indiferencia y falta de identificación con la sociedad y el mundo
adulto, a la vez que el sentimiento de inconsciencia personal, creciendo en el sentido de
responsabilidad por la conducta personal.
Los jóvenes necesitan, además, asumir compromisos de largo plazo con el fin de ejercer la
fidelidad a tareas de largo aliento. Reconocer el riesgo de la manipulación que se esconde en
el actuar sólo con motivaciones espontaneístas. Ser conscientes del propio sentido de la vida,
no dejándose manipular por el mercado de sentidos de la vida. Y superar las contradicciones
personales de quienes viven en una cultura que tiende a debilitar las certezas.[37]
2.2. Una mirada creyente y detallada a los jóvenes y sus desafíos pastorales
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El ISPAJ está convencido que “el gran desafío es la formación de agentes pastorales cualificados para
responder a los desafíos que provienen del mundo juvenil”[38]. La pastoral juvenil quiere acompañar a los
jóvenes a enfrentar con una mirada creyente los desafíos de vivir, crecer, madurar y comprometerse. En efecto,
para que la fe llegue a ser fuente de inspiración y criterios de vida, los jóvenes necesitan ser acompañados
cercanamente en sus inquietudes, en sus desafíos, intereses y limitaciones. Esto exige una mirara detallada de sus
vidas, con sensibilidad pastoral para responder a sus necesidades diversificadas. De hecho la vida juvenil
incluye un amplio espectro de edades. En concreto, el trabajo de la pastoral juvenil suele alcanzar a tres etapas
muy definidas: los preadolescentes, los adolescentes, y los jóvenes[39]. Los que están comprendidos en cada una
de estas etapas demandan respuestas pastorales distintas y significativas. De allí que sea imprescindible conocer
los desafíos de cada etapa de la vida juvenil: preadolescencia, adolescencia y juventud.
2.2.1. Los desafíos de la preadolescencia
Los preadolescentes necesitan ser acompañados en su proceso de ingreso a la adolescencia
(de los 10 a los 14 años), con un propio estilo de formación teniendo presente que hoy los
niños dejan más tempranamente de ser niños desde el punto de vista fisiológico y psicosocial
[40]. Razón por la cual los desafíos propios de esta etapa son: asumir los cambios corporales,
desarrollar una disciplina de trabajo, explorar sus nuevas posibilidades cognitivas, re-elaborar
la relación con el adulto, principalmente con la familia, descubrir y valorar modelos de
identificación, establecer relaciones interpersonales, despertar a una experiencia de fe
autónoma, descubriendo una relación con el Señor que desafía, aceptando dudas y temores, a
asumir con valentía la fuerza de la fe en la vida diaria.[41]
2.2.2. Los desafíos de la adolescencia
El desafío central de esta etapa consiste en elaborar la identidad personal, tarea que se
asocia a la configuración de una autoimagen positiva y a la elaboración de una identidad
creyente que fortalece, al mismo tiempo, la confianza en Dios, en sí mismo y en los demás,
proporcionando un sentido de esperanza en la vida. De allí sus desafíos particulares:
configurar una autoimagen positiva, generar un proyecto vital en torno a la aclaración de
habilidades e intereses y a la adhesión a ideas fuerza, elaborar adecuadamente las experiencias
de frustración, autoaclaración de opciones y valores, desarrollar la capacidad de pensamiento
abstracto, elaborar una identidad positiva con su sexo, experimentar las relaciones
heterosexuales como oportunidades de crecimiento mututo y de manifestación de la
afectividad, desarrollar relaciones interpersonales de compromiso e intimidad, establecer una
relación armónica y de cuidado a su entorno, elaborar una identidad de creyente, traducida en
fe al Señor, confianza en los demás y esperanza en la vida.[42]
2.2.3. Los desafíos de la juventud
Estimativamente se considera como etapa de juventud desde los 20 hasta los 25 años. El
[R1]desafío central consiste en desarrollar la capacidad de amar y de trabajar[43]. Por lo tanto
SEMINARIO
los jóvenes presentan estos desafíos: expandir la generosidad y solidaridad hacia los cercanos
y los lejanos, establecer relaciones de colaboración e interés común, establecer relaciones
sólidas de pareja, que asienten la propia identidad, desarrollar la creatividad personal, ser y
sentirse útil ante sí mismo y los demás, consolidar una identidad creyente, expresada en una
vivencia de Iglesia y de alegría de ser testigo y apóstol en su pueblo.[44]
Además de estos desafíos comunes a los que se encuentran comprendidos en cada una de las etapas
mencionadas, hay otros desafíos que provienen por las diferencias de genero, de estrato social, de realidades
urbanas y rurales.
3. El cuadro de referencia que inspira el modelo
A continuación presento los criterios teológicos y antropológicos y pedagógicos que guían
el diseño del modelo de PJ del ISPAJ. Como ya dije al inicio del capítulo, los criterios
teológicos y antropológicos se presentan de manera sintética, en cambio me detendré más en la
exposición y análisis de los criterios pedagógicos ya que aquí reside, como se podrá ver más
adelante, uno de los aportes más importantes del ISPAJ a la PJ Latinoamericana.
3.1. Los criterios teológicos
A nivel Teológico, se presenta una imagen de Dios, de Iglesia y de Salvación. Una imagen
de Dios Padre que confía en los jóvenes, les ama incondicionalmente como una Madre,
convoca a la vida y tiene un sueño para nosotros que nos contiene, nos apoya, nos inspira y
espera por nosotros: el Reino. Se trata de que los jóvenes descubran las semillas del Reino de
Dios en su historia personal y en el medio histórico (el pueblo), para ser signos del Reino,
como Jesús de Nazaret, el hijo de María y así comprometerse como constructores del Reino
con la fuerza del Espíritu del Señor Resucitado.[45]
La imagen de Iglesia es de una comunidad de discípulos que siguen a Jesús y su misión.
Comunidad de creyentes, comunidad de comunidades, comunidad de hermanos y profetas, de
testigos y apóstoles en el pueblo. Comunidad de servidores de la vida urgidos a colaborar en la
liberación de toda situación de muerte y en la construcción de la Civilización del Amor y de la
Justicia. Imagen de un Iglesia siempre necesitada de ser Evangelizada para ser evangelizadora.
Está en el mundo para permitir que toda la humanidad participe del Reino, ésa es su misión
principal. También debe preocuparse de su propia renovación y continuidad, por eso dedica
una atención especial a la formación de los discípulos, evitando el riesgo de mirarse a sí
misma. Luz del mundo, samaritana de los caídos en el camino, hogar de Jesús.
La imagen de salvación consiste en la construcción progresiva en el tiempo de una
comunión definitiva de los hombres y mujeres con Dios y de los hombres y mujeres entre sí de
tal modo, que todos puedan disfrutar de los frutos del Reino (solidaridad, justicia, fraternidad,
experiencia de Dios, alegría, consuelo, paz) que Jesús vino a anunciar[46]. Allí donde hay
SEMINARIO
comunión, se vive la salvación. Por esto, la experiencia cristiana se acoge y se vive en
comunidad. Aunque la salvación es un don gratuito y amoroso de Dios, sin embargo, es un
ofrecimiento que no anula la decisión humana de acogerlo. Y la comunidad es el espacio más
significativo donde los jóvenes pueden acojer el don de la salvación.
3.2. Los criterios antropológicos
A nivel antropológico presenta un modelo de personas humanas que, en sus líneas básicas, se diseña del
siguiente modo: varones y mujeres convocados a la vida, con una vocación común, la de amar y trabajar.
Vocación que nace del sueño de Dios que consiste en toda la humanidad tenga vida en abundancia. Varones y
mujeres llamados a adherir al Reino que Dios regala y que toma forma lentamente en la historia, como fruto de
los aportes individuales y colectivos de la humanidad[47]. Varones y mujeres, además, invitados a la maduración
personal, social, grupal y de fe[48], sabiendo que no existe la madurez completa en todos los aspectos de ésta
incluye, pero que sí existen aproximaciones relativas en un proceso siempre abierto a mayores crecimientos.
El ISPAJ intenta tomarse muy en serio la evolución biológica, psicológica, social y espiritual que
experimentan los jóvenes desde la pubertad hasta llegar a ser jóvenes adulto, lo cual, ya es en sí un criterio
antropológico: aceptar la totalidad de la persona humana como la carne en la cual se encarna la fe. Este acento
antropológico en la evangelización se debe a la función de resignificación y de crítica profética de las
experiencias cotidianas, propio de la fe: asume lo humano y lo inscribe en el horizonte de lo divino. Por lo tanto
hay verdadera integración de la vida y la fe, cuando el conjunto de la propia vida se refiere a Jesús y su Mensaje
como principio unificador que orienta la interpretación de las situaciones de vida y desencadena una práctica
nueva, siendo siempre una experiencia referida a la comunidad eclesial.[49]
3.3. Los criterios pedagógicos
El ISPAJ ha reflexionado largamente el tema de la relación entre pedagogía y evangelización. Está convencido
que la otra cara de las dificultades para una evangelización en profundidad, que no sólo nacen de las limitaciones
de los jóvenes, se trata de los inconvenientes en la concepción misma de la educación de la fe, que impide,
muchas veces, que el Evangelio sea acogido por los jóvenes como Buena Noticia para sus vidas. En este sentido
ubica el tema de la pedagogía en relación a la pastoral y ésta en función del anuncio de Jesucristo como respuesta
a los jóvenes. En este modelo de PJ, en efecto, presentar el Mensaje de Jesús es un desafío de orden pedagógicopastoral
que exige no sólo renovar los métodos tradicionales de educación de la fe, sino también revisar la
cosmovisión en que se fundan.
Al respecto recuerda que la fe se encarna en una cultura, y que al mismo tiempo que la enriquece, utiliza sus
categorías expresivas para transmitir el Mensaje de un modo comprensible para los hombres y mujeres que
participan en ella. En la cultura tradicional la educación de la fe tenía un marcado acento deductivo, apoyado en
una confianza casi absoluta en la razón. Se sostenía que pensar bien, llevaba necesariamente a sentir y actuar
bien, por eso se asignaba gran importancia al conocimiento de las verdades de la fe, de las que se deducían
normas y objetivos que ordenan la conducta. Este modelo cultural entró en crisis con el advenimiento de la
cultura moderna y los estilos de educación, aunque se reconoce que aún subsiste un modelo deductivo de
transmisión del Mensaje.[50]
Me parece claro que si esto se compara con los patrones culturales de los jóvenes, es evidente la distancia
comunicacional que se produce. El diálogo que los jóvenes anhelan y exigen pasa por la dinamicidad, la
progresividad y la fuerza subjetiva que se considera hoy indispensable para toda decisión plenamente humana.
No es raro, entonces, que los jóvenes, muchas veces, se sientan en la Iglesia, como si estuvieran en un lugar en
SEMINARIO
que se habla otra lengua. De aquí nace un aporte básico para todo asesor: ellos no sólo son destinatarios de la
evangelización, también pueden aportar al enriquecimiento del contenido de la fe, en la medida que no se
atribuya igual importancia a dicho contenido y a las mediaciones culturales que hasta ahora han servido para
transmitir el Evangelio.[51]
El desafío, precisamente, consiste en encontrar una síntesis que permita anunciar el Mensaje de Jesús, sin
restarle peso a sus exigencias inherentes y, a la vez, posibilitar que sea acogido por los jóvenes como respuesta a
sus aspiraciones, dando importancia a las experiencias que viven los jóvenes, aún en su ambigüedad. Teniendo
presente estas convicciones el ISPAJ propone a los asesores asumir cuatro principios fundamentales para su
servicio formativo: el sentido comunitario de la formación, el concepto procesual de la formación, una pedagogía
pastoral reveladora y una criteriología para la formación. Los cuales, por otra parte, configuran la identidad y el
rol del asesor de PJ.
3.3.1. El sentido comunitario de la formación
Un criterio pedagógico central de este modelo es otorgar el sentido comunitario a todo el itinerario formativo.
La formación evangelizadora presentada por el ISPAJ es la invitación a vivir la experiencia de la pequeña
comunidad juvenil como el espacio propicio para que los jóvenes puedan crear vida nueva y celebrar esta novedad
de vida en nombre del Señor de la Vida. Es una respuesta a distintos niveles: ofrece a los jóvenes arraigo e
identidad y una formación democrática, en el contexto de un encuentro personal y comunitario con Jesús.
La comunidad ofrece arraigo e identidad, puesto que se da la posibilidad real de generar lazos de fraternidad
en los que cada uno encuentra un lugar de acogida y valoración de su propia experiencia. La relación con el
grupo de pares es importante en la elaboración de la propia identidad, del mismo modo que la participación y el
protagonismo para alcanzar una autoimagen positiva. La comunidad juvenil brinda a los jóvenes la posibilidad de
experimentar un sentimiento de potencia, sin el cual no hay creatividad e iniciativa posible.[52]
La comunidad permite superar el autoritarismo en la formación, tanto de parte de quien acepta acríticamente la
versión de los hechos que emana de quien posee autoridad, como de quien no acepta nada de lo que diga quien
posee autoridad. También permite superar la contrapartida a este fenómeno: quien siendo autoridad se inhibe a
proporcionar orientaciones y guía por temor a ser autoritario. Por el contrario, en comunidad, los jóvenes tienen
oportunidad de aprender a dialogar y a buscar la verdad en común, a disentir sin temor a opinar distinto y a
superar el fanatismo de creer que una opinión distinta es una amenaza personal.
La comunidad, además, ofrece la oportunidad de vivir un camino de conversión a Jesús, posibilitando el
encuentro con El y su integración a la estructura de la personalidad, en una etapa privilegiada para la
evangelización. Con respecto a la proyección social y al compromiso ciudadano de los integrantes de la
comunidad, conviene recordar que se logra sólo como fruto de un proceso.[53]
3.3.2. Un concepto procesual de la formación
Un segundo criterio pedagógico es el sentido de proceso en el camino comunitario de la formación. El ISPAJ
es consciente que la PJ latinoamericana, en los últimos treinta años, ha hecho un recorrido a través de tres
conceptos de formación: el concepto de curriculum, de proceso en etapas temáticas y de proceso de
acompañamiento.[54]
La formación como curriculum tradicional acentuaba exclusivamente los conocimientos, se desarrollaba a
través de la organización de los contenidos que se estimaba necesario que los jóvenes conozcan y se los
introducía a ellos como en un curriculum de estudios. Subyace aquí una concepción de la formación como un
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programa lineal ascendente. Las falencias de este concepto llevó a una profunda revisión de toda la estrategia
formativa y de la concepción que la fundamentaba. Así se llegó a la convicción que la formación no es sólo un
programa de estudios, debe ser un proceso de crecimiento, que organice los contenidos en función de las
necesidades de crecimiento de los jóvenes y no al revés.
De ahí se concibió la formación como un proceso de tres etapas de las cuales el joven iba creciendo: primero
crecía como persona, después como creyente y finalmente como apóstol que se proyecta a su medio a través de
una misión. Subyace a esta concepción una mirada compartamentalizada de la formación. Sin embargo, la
observación de los resultados de la concepción por etapas temáticas mostró que era una concepción reductiva de
la idea de proceso ya que resultaba evidente que el crecimiento personal del joven, por ejemplo, es una dimensión
de todo el proceso y no sólo una etapa. Y, al centrar la mirada en las experiencias de los jóvenes, se tomó muy en
serio la evolución biológica, psicológica, social, ética y espiritual que experimentan los jóvenes desde la
pubertad hasta llegar a ser jóvenes adultos. Una mirada así sobre el ciclo vital permitió comprender que la
formación es un proceso de acompañamiento que respeta el ritmo de crecimiento, contribuyendo a revelarlo a
consolidarlo.[55]
3.3.3. Una formación holística y sistemática
Este giro de la formación desde ser un currículo de contenidos o etapas temáticas a ser un
proceso madurativo tiene, en el modo de concebir la formación por parte del ISPAJ, enormes
consecuencias en la formación, y más concretamente, en el modo de organizar el itinerario
formativo. Allí donde antes había temas a saber, ahora hay dimensiones de la vida del joven a
tener en cuenta en el acompañamiento formativo. El Instituto busca, de este modo, ofrecer a
los jóvenes una formación evangelizadora que alcance la estructura de su personalidad y que
les permita consolidar una identidad creyente, abarcando la totalidad de sus experiencias de
vida. Se quiere ofrecer una formación holística (holos = totalidad), es decir, se pretende llegar
a las distintas dimensiones de la vida del joven, al mismo tiempo, y no en etapas sucesivas, a
fin de evitar que las dimensiones se sumen en el tiempo sin llegar a ser una totalidad.[56]
La formación así entendida, descansa sobre cuatro ejes centrales que van madurando al
mismo tiempo y que se refuerzan unos a otros. Estos son: un proceso de personalización,
socialización, crecimiento grupal y discernimiento cristiano. Los mismos configuran un
itinerario de crecimiento en la fe, que fortalece al mismo tiempo la maduración personal,
social, grupal y de discernimiento cristiano, al modo del espiral, que avanza y, al mismo
tiempo que avanza, se amplía y se profundiza.[57]
Al mismo tiempo que se propone una formación holística, entendida como acompañamiento
integral, se postula que la misma puede y debe ser sistemática. El fundamento de esta
sistematicidad se halla en que la experiencia cristiana es demasiado rica, densa y polifacética
como para quedar entregada a la improvisación del momento o al azar. De allí la insistencia
en la elaboración de un recorrido de educación evangelizadora, adecuado a los procesos
formativos en el tiempo, a las características de los destinatarios, a sus inquietudes y a sus
necesidades. Todo lo cual necesita ser traducido en un itinerario que asegure tal sistematicidad.
[58]
SEMINARIO
3.3.4. Una formación permanente
La formación entendida como acompañamiento es también permanente. Se ubica en la perspectiva de los
jóvenes, que como todos los cristianos, necesitan permanentemente vivir y celebrar su fe. Para esto se les ofrece
la comunidad juvenil, como una experiencia de vinculación eclesial, donde pueden vivir su fe, abiertos al
necesario discernimiento de los acontecimientos de su vida a la luz de la fe. Por tanto no hay un programa
predefinido (como en la catequesis), sino un itinerario que se va haciendo en función de las experiencias que vive
el joven.
Para que este discernimiento sea hecho con profundidad, el joven necesita poseer elementos de discernimiento
que se van proporcionando en el mismo discernimiento, porque es normal que todo joven, así como toda persona
de cualquier edad, no posea todos los elementos para un discernimiento maduro, frente a una determinada
experiencia. El recorrido de esta formación permanente sigue este recorrido: vida cotidiana del joven – contenido
de fe – objetivo – método. Es decir, las experiencias que vive el joven se ubican en primer lugar, luego, desde el
contenido de la fe se hace una lectura creyente de las mismas, en función de esa lectura se formula el objetivo y se
selecciona el método. Posee una lógica inductiva, porque en los acontecimientos concretos de la vida cotidiana se
descubre el llamado de Dios.[59]
3.4. Una reveladora pedagogía.
A nivel de la práctica formativa, como se puede constatar, el ISPAJ está profundamente convencido de la
importancia de la pedagogía en la evangelización. A diferencia de otras épocas en las que se asignaba exclusiva
importancia a los contenidos, hoy está la certeza de que hay un modo de evangelizar que es inherente a la
evangelización. El Mensaje de Jesús es a la vez un contenido y un modo de transmitirlo. Antes se pensaba que
una sólida formación se conseguía asegurando un programa de contenido consistente.
Por eso el Instituto afirma que el cambio más importante que experimenta la educación en general, es haber
comprendido que, junto con un sólido programa de contenidos, se necesita una pedagogía y una metodología
adecuada. La formación es un fenómeno de comunicación humana y la pedagogía opera como lenguaje no verbal
[60] Por eso el ISPAJ afirma que “la pedagogía es, sobre todo, el tipo de relación que une al educador y al
educando y a los educandos entre sí. Más allá de los contenidos, lo que se enseña y aprende en la relación
pedagógica es una forma de comunicación”[61]. La pedagogía connota profundamente el contenido de la
formación. Dependiendo de la coherencia pedagógica, el contenido puede ser vitalmente asumido o covertirse en
un discurso abstracto. Por eso para evangelizar con fidelidad se propone respetar celosamente el estilo de Jesús, y
no sólo su Palabra, ya que contenido y estilo de comunicación son dos caras de la misma moneda.[62]
Las actitudes de Jesús Maestro, reveladoras de su estilo de comunicación pedagógica, nos
permite descubrir que su gesto pedagógico más fecundo fue dar su vida para testimoniar su
Mensaje. El amor es, pues, el criterio absoluto de su práctica, y algunas expresiones
particulares de este amor, en la pedagogía de Jesús son: un trato singular, una relación
confirmatoria, una comunicación experiencial, con libertad interior, y con perspectivas
totalizadoras.[63]
Con la inspiración de la práctica de Jesús surgen los rasgos de la pedagogía pastoral:
testimonial (de actitudes coherentes: el mensaje del amor de Dios se comunica amando),
SEMINARIO
comunitaria (junto con: la salvación inaugura relaciones fraternas que se viven en la
comunidad), experiencial (darse cuenta: resignificar las experiencias personales con la
perspectiva de la fe, la evangelización debe hacerse vitalmente, es un proceso vivencial,
intelectual y activo), participativa (poner en común: la autoridad de servicio promueve y
acoge el aporte de cada uno, superando la distancia entre evangelizador-evangelizando),
transformadora (para el cambio: la evangelización en profundidad toca lo cotidiano, unifica
los criterios de valoración y acción, el modo de comprender la realidad y de intervenir en ella),
y progresiva (con respeto: de la conciencia real a la posible, capacita a los jóvenes para asumir
la propia vida, respetando sus ritmos, conciencia y convicciones). Por lo tanto la pedagogía
pastoral busca: suscitar relaciones comunitarias, con un estilo testimonial de comunicación,
compartiendo y reelaborando las experiencias de vida, con un ritmo progresivo, en relaciones
participativas.[64]
Este es el enfoque general con que el ISPAJ intenta acompañar a los jóvenes. Sintetizando se puede afirmar que
el Instituto ofrece el espacio de la comunidad juvenil, como un espacio de vinculación eclesial, donde los jóvenes
pueden vivir y celebrar permanentemente su fe, y donde, además, se favorecen las condiciones pedagógicas y
metodológicas para que el joven se haga maduro en la fe, practicando el discernimiento de los acontecimientos de
su vida a la luz de la fe. Por esta razón los contenidos están organizados en función de ser respuesta a dichos
acontecimientos, es decir, son llamados desde la vida y para la vida.[65]
4. El objetivo global de la PJ: ser discípulos de Jesús y su Reino en comunidad
La meta global que propone este modelo es “formar personas cuya primera opción sea
Jesucristo y su Evangelio”[66]. En efecto, se considera que el objetivo central de la formación
consiste en lograr que los jóvenes transparenten en sus vidas la experiencia fundante de Jesús,
la fuerza contagiosa del Espíritu y los criterios creativos del Dios de la Vida. Lo cual requiere
acompañar la proyección social de su fe, superando la crisis del amor y la crisis de
incorporación a la vida adulta, y defender a los jóvenes de la falta sentido de la vida.[67]
Para alcanzar esta meta global se quiere ofrecer a los jóvenes una formación
evangelizadora que alcance la estructura de su personalidad y que les permita consolidar una
identidad creyente, abarcando la totalidad de sus experiencias de vida[68]. Se trata de un
modelo existencial de formación, donde el lugar privilegiado de la acción formativa es la vida
cotidiana del joven, buscando conciliar estos dos aspectos: anunciar con fidelidad el Reino de
Dios, con toda la radicalidad de su exigencia de transformación de la vida personal y social, y
permitir que el Evangelio se actualice como respuesta a las preguntas de los jóvenes, como un
ensanchamiento de sus propios valores, como apertura a sus problemas y satisfacción a sus
aspiraciones.
4.1. Un camino formativo para alcanzar el objetivo global
SEMINARIO
Para llevar adelante el objetivo planteado, el proceso formativo descansa sobre cuatro ejes
centrales, que van madurando al mismo tiempo y que se refuerzan unos a otros. Estos son: de
maduración personal o personalización, de maduración social o socialización, de maduración
grupal y de discernimiento cristiano. Se presentan al modo del espiral, que avanza y, al mismo
tiempo que avanza, se amplía y se profundiza, es decir, gana en extensión y profundidad. Este
nuevo modo de comprender la formación evangelizadora se traduce en un itinerario[69] que
asegure la sistematicidad y profundidad que se anhela ofrecer a los jóvenes que se interesan
por seguir a Jesús.
El itinerario al asumir la lógica de la progresividad se hace más cercano al dinamismo del
crecimiento humano y, a la vez, representa una dimensión central de la experiencia creyente:
la decisión progresiva y creciente por Jesús hasta llegar a ser sus discípulos para siempre. Es
una perspectiva de germinación y no de ensamblaje de etapas juxtapuestas unas a otras y con
contenidos distintos.
Para concretar la formación evangelizadora procesual a través de los cuatro ejes centrales,
el ISPAJ invita a vivir la experiencia de la pequeña comunidad juvenil como el espacio
propicio para que los jóvenes puedan crear vida nueva y celebrar esta novedad en nombre del
Señor de la Vida. De allí la opción por la convocatoria a participar establemente integrando
una pequeña comunidad juvenil, que se configura con las siguientes características[70]: está
integrada aproximadamente por 8 a 12 jóvenes, respondiendo a una de las necesidades más
importantes de la vida juvenil, como son el arraigo y la identidad, que sólo se satisfacen
sanamente en relaciones de profunda amistad, que sostengan y fortalezcan la personalidad sin
exigir renuncia a la propia singularidad. De allí la importancia del pequeño grupo donde cada
uno encuentra un lugar y es valorizado. Una pequeña comunidad con una composición de tipo
mixto, ya que uno de los ámbitos fundamentales del crecimiento y de la maduración en la vida
juvenil es la relación con el otro sexo. Se ofrece así una experiencia formativa muy profunda,
en cuanto a la identidad con el propio género y en cuanto a la oportunidad de relacionarse libre
y sanamente entre los sexos. Además, se trata de una comunidad con integrantes de edad
homogénea: lo cual permite que los jóvenes se apoyen mutuamente, con la comprensión que
da el pertenecer a una misma generación, ya que permite compartir una misma sensibilidad, un
común modo de valorar, un estilo de relación, etc. Todo lo cual postula que sea con
participación estable y encuentros periódicos, que es el único modo de vivir seriamente la
experiencia formativa evangelizadora en el itinerario previsto. Sin el compromiso estable de
sus miembros y sin un régimen estable de encuentros regulares es imposible realizar una
experiencia comunitaria que sea profunda desde el punto de vista de la formación
evangelizadora.[71]
De este modo, pienso que la comunidad juvenil propuesta por el ISPAJ es una respuesta a distintos niveles:
ofrece a los jóvenes arraigo e identidad y una formación democrática, en el contexto de un encuentro personal y
comunitario con Jesús.
SEMINARIO
4.2. Las metas intermedias en un único camino formativo
Existen, también, tres metas intermedias[72] que se ofrecen al grupo de jóvenes que se
reúne con la intención explícita de seguir a Jesús en la pequeña comunidad juvenil, aunque el
comienzo esto suele ser incipiente e inmaduro. Sin olvidar que el camino comunitario es uno
solo y no un recorrido de etapas con distinto contenido en cada una, ya que el proceso es al
mismo tiempo una experiencia de crecimiento, formación y de fortaleza de la madurez de su
fe. Sin embargo, se distinguen tres momentos específicos en los que la comunidad vive tareas
concretas.
El primer momento es el de la motivación e inicio de la experiencia comunitaria: el grupo
inicia su proceso con la meta de constituirse en comunidad, convocado por una experiencia
básica de fe, durante el cual los miembros se descubren y aceptan mutuamente, se perciben
como parte de un pueblo creyente y experimentan el valor fecundo del encuentro con el otro
para crecer. Todo lo cual interpretan como el inicio de una nueva relación con el Señor.[73]
El segundo momento es el de la maduración de la fraternidad: la comunidad tiene aquí la
meta de fortalecer su identificación con la persona de Jesús, quien los invita a revisar sus
actitudes personales y grupales, así como los valores de la cultura en que se mueven, iniciando
un proceso de conversión con el apoyo de la propia comunidad de creyentes.[74]
Por último, el tercer momento es el de la maduración de la misión: la comunidad se
propone robustecer la maduración de su fe, descubriendo en la Pascua de Jesús y en la obra del
Espíritu de Jesús Resucitado, la fuente para el testimonio personal y la acción transformadora
en la construcción de la Civilización del Amor, según las orientaciones de la PJO
Latinoamericana.[75]
5. Los recursos y el método
El primer recurso son los jóvenes[76]. Al limpiar la mirada que se tiene con respecto a
ellos, desenmascarando las ideologías subyacentes, se ve con claridad que todos los jóvenes
que viven en el sector parroquial o de la capilla, o del colegio, y no sólo los que se interesan
por participar, todos ellos son un recurso muy importante. También lo son aquellos que se
acercan esporádicamente a la Iglesia a participar de diversas propuestas o convocatorias. Pero
de manera especial un recurso fundamental y valioso son los grupos y comunidades juveniles
estables porque ellos son el fermento en la masa. La comunidad es el espacio más significativo
para que los jóvenes conozcan, acojan y perseveren en la amistad que el Señor les ofrece. Y
esto tanto por la dimensión de la comunión existencial de personas como por la Presencia
activa del Espíritu del Señor que les anima.
SEMINARIO
El segundo recurso son los agentes (adultos laicos, sacerdotes, consagrados) de pastorales
específicas como: pastoral familiar, pastoral educativa, catequesis, pastoral vocacional, de
movimientos que se nuclean a través de las parroquias y las diócesis.[77]
El tercer recurso es la coordinación de asesores y animadores de PJO[78]. A nivel
diocesano, se cuenta con el obispo, el asesor diocesano, el equipo diocesano de pastoral
juvenil, el consejo diocesano de pastoral juvenil, la asamblea diocesana de pastoral juvenil y la
coordinación de los movimientos apostólicos[79]. A nivel nacional de Chile, con el Instituto
Superior de Pastoral de Juventud, (ISPAJ), la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil y los
Encuentros nacionales y regionales de asesores de Pastoral juvenil.[80]
5.1. Los criterios para elegir un método
En toda propuesta formativa, un punto particularmente crítico es aquel en que llega el
momento de poner en práctica toda la teoría que fundamenta la opción. Es el momento de
organizar los recursos en función de llevar a la práctica las convicciones que se tienen
respecto a la formación. Es allí donde entra en consideración el tema del método, y por lo tanto
la explicitación de los criterios que guían la selección del mismo. El ISPAJ, por todo lo que
hemos dejado establecido hasta el momento, tiene en cuenta cinco criterios para juzgar y
seleccionar un método en la formación: significación, motivación, profundización gradual,
integración o interdisciplinariedad y concreción.[81]
El criterio de significación es un instrumento que debe ofrecer a los jóvenes la posibilidad de cultivarse, de
trabajar sobre sí mismos. Este criterio respeta la conciencia actual del educando, es decir, su modo de
comprender lo que vive. Cualquier método de este tipo debe acoger incondicionalmente las preguntas e
interrogantes de los jóvenes ya que se puede aprender algo siempre que se lo pueda unir con los conceptos,
capacidades y experiencias poseídas por la persona[82]. Según este criterio es posible dialogar con los jóvenes,
si logramos usar el mismo lenguaje de ellos.
El lenguaje más común y más compartido por todos son precisamente las experiencias cotidianas, las
inquietudes que cada uno posee. Si se plantea el diálogo desde otra perspectiva siempre resulta discriminatorio,
porque supone esperar que los otros posean elementos que debieran ser más bien fruto de la formación. Por lo
cual el criterio de significación tiene importantes consecuencias metodológicas, algunas de las cuales son la
restitución de la palabra a los jóvenes y la elaboración de la fragmentación interior.[83]
Este criterio no sólo se fundamenta en razones de orden metodológico, también hay razones de orden
teológico. La actitud de acoger a todas las experiencias e interrogantes, es una medida de confianza en Dios, es
reconocimiento de su Presencia en los acontecimientos ya que historia de la salvación muestra que Dios no retira
nunca su confianza en la humanidad. Por eso el criterio de significación lleva al asesor formador a confiar y a
adherir a la obra que el Espíritu realiza en cada joven, a reconocer la inalienable dignidad de cada joven
independientemente de sus experiencias de vida y a esperar en su capacidad para tomar decisiones libres, con
SEMINARIO
sentido de responsabilidad y abierto a la comunicación con Dios.[84]
El criterio de motivación se refiere simplemente al hecho que quien no tiene preguntas que
hacer o plantear no está en condiciones de escuchar respuestas. Se trata, por lo tanto, de
procurar que lo nuevo y diverso sea significativo para el joven, haciendo surgir un impulso
motivador que viene desde dentro de su persona. Por este hecho la motivación nace de la crisis
de la respuesta de vida precedente y de la necesidad de superar la desestabilización a través de
nuevos aprendizajes que le permitan madurar una respuesta más íntegra. Considero que este
criterio es de mucha importancia porque la práctica formativa, y no sólo en ámbito de PJV,
demuestra que repetidas veces los jóvenes están llenos de interrogantes, pero son frustrados
cuando no encuentran respuesta.[85]
El criterio de profundización gradual indica que todo proceso formativo tiene un carácter
gradual. El camino de aprendizaje siempre tiene un ritmo, en el cual, la persona va sufriendo
un cambio de actitud que necesita su tiempo, nadie puede cambiar de improviso. De allí la
necesidad metodológica de programar la formación en vueltas sucesivas en las que se de cada
vez una mayor profundidad. Esto se representa con la imagen del espiral que avanza y se
amplía a medida que progresa, manteniendo siempre una unidad de dirección, posibilitando la
reconsideración de lo anteriormente avanzado y en continuidad con ello. Es un criterio que
facilita la urgente tarea de ayudar a los jóvenes a asumir sus vidas como desafío y proyecto.
[86]
El criterio de transdisciplinariedad hace referencia a la complejidad de las experiencias humanas, que no se
capta sumando los diversos aspectos involucrados. Aquí el ISPAJ establece una diferencia, a tener en cuenta,
entre la formación integral y la formación holística. La formación integral se concreta en una formación que suma
los factores psicológicos, culturales, económicos, antropológicos, teológicos, etc. sin lograr, por esta vía, la
integración. El enfoque transdisciplinario sobre las experiencias humanas, en cambio, trata de captar en una sola
mirada la complejidad de la vida, teniendo en cuenta los diversos aspectos que contribuyen a explicarlas y
transformarlas.[87]
El criterio de concreción plantea como en la formación evangelizadora, el método usado
debe servir para unir la fe y la vida. También éste es un criterio básico para la formación de
todos los tiempos: la necesidad de mantener permanentemente ligada la formación a las
experiencias de vida, favoreciendo el crecimiento desde y en la vida. Este criterio nos pone en
alerta con la utilización en la PJ de las experiencias de vida.
En efecto, a veces se utiliza la experiencia de vida como una motivación para entrar en el
tema, pero luego se la deja de lado, porque lo que importa es entregar contenidos, suponiendo
que los jóvenes por sí mismos son capaces de asociar los contenidos a las experiencias vitales
y así comprenderlas y reelaborarlas. La práctica dice, precisamente, lo contrario. Por eso aquí
se encuentra uno de los aportes más lúcidos del ISPAJ a la PJO, en el sentido que los
contenidos a ofrecer sean llamados desde la experiencia y sirvan para reelaborarla de modo
SEMINARIO
que lo experiencial y lo conceptual vayan siempre unidos.[88]
5.2. El ISPAJ y los métodos en la Pastoral Juvenil Latinoamericana
Después de haber señalado algunos criterios metodológicos que guían la selección de un método en la PJ para
la formación, presento el método que propone el ISPAJ. Conviene primero hacer dos advertencias. La primera es
con respecto a la misma palabra “método”: ¿qué entiende el ISPAJ por método? La segunda es con respecto a los
métodos utilizados en la PJ: ¿cómo se coloca el ISPAJ con respecto a ellos?
Con respecto a la primera cuestión, para el ISPAJ, todo método es una secuencia fija de pasos que busca
favorecer las condiciones adecuadas al logro del objetivo formativo. Por lo tanto se distingue de la didáctica que
son las técnicas específicas que permiten lograr el objetivo de cada paso del método, es decir, cada uno de los
pasos del método se desarrolla a través de una determinada técnica. Por eso el método del ISPAJ prevee una
sucesión de pasos.
Y con respecto a los otros métodos utilizados en la PJ Latinoamericana ha hecho una revisión crítica de los
mismos. Siguiendo las Orientaciones de la PJO de la SEJ del CELAM, toma los cinco métodos más utilizados en
la práctica pastoral y los divide en “espontáneos” y “sistemáticos”. Los primeros son los que no responden a una
voluntad consciente o a una decisión metodológica programada: el método tradicional de una charla y una
discusión posterior, el método deductivo de aproximación a la Palabra y el método de las dinámicas. Los
sistemáticos son el de ver-juzgar-actuar-celebrar y el de formación experiencial. De los cuatro primeros reconoce
las ventajas y los inconvenientes para su utilización en la pastoral con jóvenes, y propone el método de formación
experiencial como el más apropiado para acompañar la formación de los jóvenes en la comunidad juvenil. Por eso
en la formación de los asesores se privilegia la fundamentación teológica, pastoral y epistemológica del mismo.
Veamos básicamente en que consiste.
5.3. El Método de Formación Experiencial
El método de formación experiencial ha tenido su génesis en la búsqueda del ISPAJ, como una propuesta
para acompañar la formación de los jóvenes en la comunidad juvenil. Este método de formación experiencial
quiere crear las condiciones técnicas que ayuden a los jóvenes a crecer en la profundización de la fe a partir de la
propia experiencia de vida.[89] En una mirada superficial, algunos creen que es una adaptación nueva del “ver,
juzgar y actuar”, o que tiene allí su origen. En verdad, el método de formación experiencial nace en un momento
cultural y pastoral diverso, por eso sus fundamentos diversos. Considera cuatro momentos: motivación,
descripción de la experiencia, análisis de la experiencia y discernimiento cristiano.[90]
La motivación es el primer paso del método que se fundamenta en un hecho simple: nadie está en situación de
escuchar una respuesta, si antes no se hizo una pregunta. Se trata de despertar un impulso motivacional interior si
se pretende ensanchar los intereses de los jóvenes, de tal modo que se abran a la propuesta novedosa del Mensaje
y que, esa propuesta, sea significativa para ellos. Normalmente se trata de una actividad breve que genere
interrogantes, cuestionando la experiencia de vida que viven los jóvenes, introduciendo un elemento perturbador
que despierte inquietud y que exija la necesidad de reestructurar la experiencia en una síntesis nueva.[91]
La descripción de la experiencia pretende que los jóvenes, progresivamente, se hagan
capaces de identificar sus experiencias, al comunicarlas. Este momento de la descripción de
sus experiencias les ayuda a superar la tendencia “idealizadora” que suelen tener los jóvenes,
avanzando hacia una percepción cada vez más realista de sí mismos y de su medio. Al
SEMINARIO
introducir a los jóvenes en sus experiencias se acoge a cada cual donde está, respetando el
protagonismo de la experiencia de conversión, que significa asegurar el tránsito desde una
conciencia autónoma y con control interno. Es un paso necesario para restituir la palabra a
los jóvenes, y ayudarlos a dar nombre a lo que viven. Para ayudarlos a dar este paso es
importante que la evangelización no se anticipe a formular preguntas desde fuera de la
experiencia de los jóvenes, sino más bien los acompañe a adueñarse de su existencia y a
comprender lo que viven. [92]
El análisis de la experiencia es un paso metodológico de descodificación, de reconocer los
elementos implícitos en las experiencias de vida, más allá de lo que surge de una primera
mirada. Pretende profundizar en ellas a fin de comprenderlas afectivamente. Supone nuevas
preguntas y reencuadrar las propias experiencias. Es necesario volver a mirar lo que vivimos,
retomar las experiencias personales y desplegar sus significados, facilitando el proceso de
“darse cuenta” ya que ellas expresan los criterios, las valoraciones conscientes o
inconscientes, la información que se maneja, la autoimagen, la conciencia social, las
posibilidades de acción que se reconocen, lo que se considera bueno o malo, en fin, todo lo
que se llama “visión del mundo”. Esto es lo que importa al evangelizar en profundidad.
El trabajo progresivo de analizar las propias experiencias permite facilitar el proceso de
desprenderse de las ideologizaciones e idolatrías que empobrecen la vida, aumentar la
autoestima y crecer en el sentimiento de potencia y, al mismo tiempo, dar espacio a la
elaboración de actitudes alternativas a través del ensayo de experiencias más auténticas. Para
lograr bien este paso, los jóvenes necesitan el apoyo de elementos de análisis para comprender
mejor lo que viven. Son contenidos llamados vitalmente desde sus experiencias, que les
permite profundizarlos y asumirlos.[93]
El discernimiento de la experiencia propone realizar una lectura del significado más
hondo de la experiencia de vida: su significado de fe[94] ya que la fe ejerce una función de
resignificación y de crítica profética de las experiencias de vida. Los pasos anteriores del
método se constituyen en una preparación necesaria para acoger el don trascendente de la
revelación de la fe sobre la vida. La fe revela en plenitud el profundo valor de toda
experiencia auténtica y la amplia en el horizonte de lo divino, otorgándole un significado
definitivo. La fe se propone como el criterio último que permite ordenar, jerarquizar y
autentificar los proyectos y realizaciones personales. En referencia a Jesucristo y su Mensaje,
las experiencias de vida encuentran un criterio de autoevaluación y de unificación. Este paso
metodológico se apoya en una actitud personal, en la proclamación de la Palabra o el
Magisterio de la Iglesia y en la dimensión comunitaria.[95]
Este método propuesto por el ISPAJ supone en los momentos pertinentes, la entrega de los
contenidos necesarios para facilitar la descripción, el análisis o el discernimiento de la
experiencia, a modo de aporte a la reflexión. El mismo Instituto reconoce que la práctica de
SEMINARIO
este método ha mostrado sus riquezas y sus dificultades. La mayor riqueza está en que
considera rigurosamente los criterios metodológicos de significación, motivación, integración,
transdisciplinariedad y concreción. Entre las dificultades figura el hecho de requerir una
capacitación y entrenamiento para su uso de parte de los animadores y la presencia del
asesor en la preparación de los encuentros. Al ser un método sistemático requiere tiempo de
dedicación para la preparación de los encuentros, definir los objetivos, los contenidos y la
didáctica a usar. También requiere la programación de un itinerario formativo con el fin de
asegurar una formación sistemática.
Teniendo presente cuánto se ha dicho del tema del método, y en relación al asesor, importa
que el mismo tenga presente dos principios que le pueden ser de mucha utilidad pastoral. El
primero es que no se debe perder de vista que el problema del método para la formación en
pastoral es un problema abierto, porque no es posible proponer un método único,
universalmente válido y permanente. El segundo criterio a tener presente es la necesidad de
contar con una criteriología sólidamente fundamentada, como la expuesta, que se convierta en
una orientación clara a la hora de juzgar o seleccionar un determinado método.
6. Los agentes pastorales en el modelo
El ISPAJ, en concordancia con las Orientaciones del CELAM, reconoce que en la pastoral
juvenil son muchas las personas que trabajan en diversos servicios, teniendo cada uno su ro.
En este modelo, sin embargo, hay dos roles específicos y ampliamente extendidos en la
experiencia no sólo chilena sino latinoamericana: los asesores adultos y los jóvenes
animadores.[96]
6.1. El rol del animador: acompañar la comunidad juvenil
El ISPAJ propone la figura del animador señalando que es un joven, cuya madurez de fe
hace surgir su vocación de anunciar a Jesucristo, sirviendo a los jóvenes en el
acompañamiento al camino formativo de una pequeña comunidad juvenil. Los signos más
importantes de la vocación a la animación son: la facilidad de entrar en contacto con sus
coetáneos jóvenes, la capacidad de cercanía con sus iguales, las aptitudes personales que
afirmen dicha capacidad, la madurez personal acorde con su edad y un recorrido en el camino
de la fe. Estas condiciones, sumadas a la capacitación y el acompañamiento permanente de los
asesores, quieren asegurar –en este modelo de PJ- que el joven animador sea, en la práctica, un
evangelizador de otros jóvenes.[97]
6.1.1. Los criterios para ser animador
En la práctica, cuando para orientar la selección de los animadores que participan en los
cursos de formación del ISPAJ, éste propone algunos criterios, que no pretenden ser
SEMINARIO
exhaustivos ni universalmente válidos pero que nacen de la tarea que se espera de ellos y de la
experiencia que el Instituto ha acumulado al respecto. En general, son los mismos que se
siguen en Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú y Colombia, países en donde se trabaja también
con esta propuesta.
Dichos criterios son: los jóvenes deben tener 18 años de edad ya que se trata de asegurar que
sean jóvenes que hayan resuelto los principales problemas de la adolescencia temprana y, por
tanto, logrado una relativa identidad personal. Además, como este modelo considera al
animador como un integrante más del grupo, se sugiere que su edad no sea muy superior al
promedio de edades del grupo que anima.
También deben contar con la confianza del asesor de la PJ local para asegurar que el joven
efectivamente podrá desarrollar su trabajo apoyado por su asesor. Se requiere que el joven
asegure una cierta continuidad futura en su trabajo como animador, al menos por dos o tres
años; que haya tenido experiencia de participación en una comunidad juvenil, para asegurar
una formación básica y una maduración mínima de su fe; que presente una vocación y
aptitudes mínimas para el trabajo de animación: interés apostólico, responsabilidad en su
compromiso, capacidad de servicio y trabajo en equipo, apertura para revisar sus actitudes y
capacidad para escuchar empáticamente.
También se solicita que el animador disponga del tiempo necesario para desarrollar su
servicio, evitando la improvisación a que puede llevar el recargo de otras obligaciones y
responsabilidades. Aunque no se oculta que el joven vive conflictos propios de su edad, se
pide a los asesores que estén atentos a delegar la responsabilidad de animación a un joven que
tenga una adecuada capacidad para resolver sus conflictos, utilizando los recursos personales y
aquellos que le ofrece el medio (familia, amigos, asesores, etc.).
Esto significa que el joven debe ser capaz de reflexionar las propias experiencias, estar
abierto a la retroalimentación de los demás para continuar su proceso de crecimiento,
mostrándose abierto a la búsqueda de respuestas creativas para él y su medio. Como parte de
su maduración es necesario que el joven haya logrado una identidad sexual que le permita una
relación fluida consigo mismo, con personas de su propio sexo y de otro sexo.
Finalmente, se le pide que muestre sensibilidad social. Es decir, que esté atento y sea
sensible a la realidad de su pueblo, sintiéndose parte de él, valorando las búsquedas personales
y colectivas por satisfacer sus necesidades y rechazando actitudes prejuiciosas y dogmáticas.
Como se puede apreciar, no es fácil, casi diría que es imposible, en el actual contexto de la
realidad juvenil latinoamericana que se ha presentado, encontar jóvenes con éste perfil.
Ciertamente que los hay, pero son pocos, en primer lugar porque estos requisitos que se piden
a un joven animador suponen un camino formativo exitoso, por decir así, en su medio familiar,
escolar, eclesial y social.
SEMINARIO
Si tenemos presente la crisis actual de la familia, de la escuela, etc. es evidente que es muy
difícil encontrar jóvenes animadores que mínimamente reúnan estos requisitos. Por otra parte
la práctica pastoral enseña que si se delega la animación en un joven que no cumpla estos
requisitos, al menos en lo fundamental, la experiencia formativa resulta desastrosa. No
propongo ahora soluciones, sino que planteo el problema que, a mi modo de ver, es muy
importante ya que afecta a uno de los agentes pastorales de la propuesta formativa. Con todo
importa conocer más a fondo cómo viene, en este modelo, presentada la identidad y el rol del
animador.
6.1.2. El animador da vida y ánimo
El joven animador es definido en su identidad como un servidor de sus hermanos[98],
siendo uno entre iguales, cuya vocación es vitalizar y apoyar el crecimiento de la comunidad
juvenil. Lo cual significa que es un joven discípulo de Jesús y apóstol que cuida su propio
proceso de crecimiento humano, cultiva su fe y su vivencia de participación eclesial, y se
capacita continuamente para mejorar la calidad de su servicio pastoral. Desarrolla su trabajo en
equipo con otros animadores y con el asesor. Como toda vocación, se llega a ser animador o
animadora a través de un proceso de discernimiento en el que participa en asesor, el posible
animador o animadora y la comunidad de jóvenes, ya que es necesario que cuente con la
aceptación del grupo.[99]
El animador es, pues, un rol de servicio pastoral y un apostolado. No es necesariamente un
líder, como tampoco un delegado del grupo y, a diferencia de otros roles en la comunidad
juvenil, el rol del animador, como agente pastoral, es designado por el asesor o por el equipo
de PJ de la parroquia o capilla, lo cual favorece la comunión y la participación en la tarea
común de evangelizar a los jóvenes.[100]
6.1.3. Las tareas del animador
El rol que está llamado a desempeñar se concreta en las siguientes tareas: preparar y
animar semanalmente el encuentro de la comunidad juvenil; desarrollar en la comunidad un
clima democrático, que estimule la participación y la corresponsabilidad en la animación
comunitaria; recoger, con sensibilidad, la vida de los jóvenes, es decir, los anhelos, las
preocupaciones, los intereses, las inquietudes e interrogantes de los jóvenes, a fin de ofrecerles
una formación significativa; sostener la evaluación permanente del camino de la comunidad
juvenil; preocuparse, con respeto, del proceso de crecimiento de cada joven en particular;
favorecer un clima de convivencia fraterna, de alegre expansión y toda iniciativa que
acreciente la fraternidad; apoyar las acciones de solidaridad con los que sufren, como
proyección social de la fe juvenil; posibilitar las condiciones de crecimiento en la fe, para que
la comunidad y cada joven experimenten vitalmente el encuentro con el Señor Jesús; ayudar a
SEMINARIO
la coordinación interna de la pastoral juvenil y de ésta con otras instancias pastorales.[101]
Se puede sintetizar sus tareas diciendo que el animador da vida y ánimo a sus hermanos de
la comunidad juvenil; promueve la participación y la corresponsabilidad, evitando generar
dependencia; se capacita para acompañar el proceso comunitario; trabaja en equipo con otros
animadores y su asesor; está atento por crecer en su fe y en su relación con la Iglesia,
comunidad de discípulos de Jesús.
Este modelo insiste, acertadamente, que animar un grupo es generar el ambiente o el clima
adecuado para que crezca, se afiance y fructifique, ya no siempre los modos en que lo hace el
animador, logran esos objetivos (como por ejemplo el estilo autoritario, paternalista o
permisivo). El animador es invitado a tener presente estos estilos para evaluar sus propias
actitudes y no reproducirlas en su práctica pastoral, desarrrollando un estilo democrático.[102]
Además, se insiste en que el animador debe estar atento al proceso comunitario con todas
las características que ya hemos visto (un proceso que se sostiene en cuatro ejes y que se viven
simultáneamente y progresivamente de modo integrado, etc.), razón por la cual le corresponde
planificar y orientar el camino comunitario poniendo a Jesús al centro. Animar, para el joven
animador, no es un conjunto de técnicas, sino un modo de ser y vivir la vida grupal: lo central
de la experiencia comunitaria que se quiere promover es que ésta se oriente a generar una
comunidad juvenil creyente.
Es decir, se subraya que la animación es un estilo de vida propuesto para la vida cotidiana
del joven con una función educativa, de la cual nace un modelo formativo. Frente al temor por
la capacidad o no de responder a este servicio, teniendo en cuenta la inexperiencia, me parece
saludable que se recuerde al animador que es bueno darse cuenta que no tiene por qué saber
todas las respuestas frente a la vida, sino más bien que confié y dé confianza al grupo para que
juntos puedan crecer en sabiduría y discernir sus
experiencias.[103]
Quien escribe ha trabajado ocho años con este modelo de PJ y concretamente con esta propuesta de
animadores en el ámbito de Argentina y Uruguay, y siempre en conexión con el ISPAJ. Desde este lugar vuelvo a
la pregunta inicial, sobre si es real la posibilidad de encontrar animadores como los que solicita este modelo. Creo
que profundizando la pregunta nos podemos situar en dos niveles de cuestionamiento. El primero es con respecto
a la validez o no de este rol, en lo cual no entro en este trabajo. El segundo es, si dada su validez, cómo se lo lleva
a la práctica, dada la realidad de los jóvenes animadores hoy, pensemos, por citar sólo un ejemplo, lo que
significa pedirles un compromiso por dos o tres años como animador.
La única respuesta que encuentro, por el momento, es la de asegurar una Escuela de formación permanente
para los animadores para acompañarles y sostenerles continuamente en su identidad personal, de manera especial
en la crisis propia de su etapa evolutiva, nutrirles en su espiritualidad y capacitarles en su rol de tal manera que se
desempeñen competentemente en sus tareas.
El ISPAJ y otras instituciones y equipos pastorales que trabajan con este Instituto, ofrecen, a tal efecto, un
SEMINARIO
programa formativo, que ayuda, muchas veces, a que aquellos requisitos sean el punto de llegada de un camino
formativo para los propios animadores. Al hablar del asesor me detendré un poco en este programa de
capacitación. El problema se presenta cuando no existen instancias formativas para los animadores o cuando sólo
se los capacita técnicamente en su rol, en las tareas, pero sin acompañarles ante todo como personas creyentes,
discípulos que se van convirtiendo en apóstoles necesitados de descubrir al Espíritu que sustenta su labor e
invitados a vivir con audacia misionera.
6.2. El rol del asesor
Lo primero que este modelo menciona del asesor/a es que se trata de una persona adulta
llamada a ser apóstol en medio de los jóvenes. Por lo tanto se trata de una vocación apostólica
que vive su fe en un ámbito juvenil. A este adulto apóstol se le confía una misión, la de
asesorar la PJ de una unidad pasotral, es decir, de una posición u obra apostólica: parroquia,
colegio, etc. La condición que le solicita para llevar adelante esta misión corresponde a un
triple frente: madurez humana, formación cristiana y competencia pastoral.[104]
El ISPAJ resume este panorama diciendo que el asesor es sobre todo un servidor que
favorece la iniciativa de los jóvenes, despierta su creatividad, orienta sus búsquedas y los
acompaña a crecer. Si tenemos presente precisamente lo señalado al inicio daría la impresión
que el término “servidor” se queda corto para señalar la realidad del adulto con vocación
apostólica para la pastoral juvenil.
Sin embargo, un miembro del Instituo, explica que se entiende por servidor. Se trata de
considerar la tarea del asesor como un ministerio. La palabra viene del latín “ministerium” y se
refiere a la tarea que ejerce un minister (minister) o sirevo o servidor o mediador que ejecuta
los proyectos de otro. De este modo, la identidad del asesor (lo mismo se afirma del animador)
en este modelo de PJ, es “ser el mediador entre Dios y los jóvenes. Es ser el servidor-ministro
que ejecuta el proyecto de Dios para con los jóvenes y los proyectos de los jóvenes para acoger
el proyecto de Dios en sus vidas”.[105]
Aunque se ha aclarado mejor qué significa para el ISPAJ que el asesor (y el animador) sea
un servidor, el problema es que el mismo término es utilizado para designar la identidad del
animador, con lo cual se torna difícil diferenciar en qué consiste la identidad de uno y otro, si
es que hay diferencia, o es una identidad compartida. Por ahora dejo planteado el problema, ya
que al analizar más detalladamente esta identidad y el rol del asesor se podrá comprender
mejor su ministerio de servicio.
Por otra parte, esta tarea de la asesoría de una unidad pastoral al ser tan amplia, compleja y
exigente, se propone ejercerla a través de un Equipo de Asesores, quienes se distribuyen las
diversas tareas para mejorar la calidad del servicio pastoral, actuando siempre con unidad de
criterios. La práctica pastoral demuestra cuán acertado sea insistir que el asesor trabaja
siempre en equipo.[106]
SEMINARIO
Si la identidad del asesor es presentada como un servidor, el rol o función a través de la
cual se expresa y se desarrolla esta identidad se define con una triple acción: formar, organizar
y orientar. El asesor es un formador, un organizador y un orientador, pero se aclara que el rol
principal es el del formador, los otros dos están en función de éste[107]. Miremos, más
detalladamente, en qué consiste cada uno de ellos.
6.2.1. El asesor es un formador
El ejercicio de este rol le permite al asesor constituirse, en nombre de la comunidad
cristiana, en el garante de la formación evangelizadora de los jóvenes. Este concepto de
garante el ISPAJ no lo desarrolla, creo que si lo hiciera se aclararía aún más el rol del asesor
[108]. El asesor, al ejercer su rol como formador, en este modelo, desarrolla dos líneas de
acción: orientar los procesos formativos y acompañar a los animadores.
Orienta los procesos formativos que se viven en la PJ local: en las comunidades juveniles,
en los encuentros, en los talleres, retiros, campamentos, etc. Aquí es donde, según el ISPAJ, el
asesor revela su intencionalidad educativa, en cuanto al objetivo que se persigue, al concepto
de formación que los ilumina, a las experiencias que se abordan, al modelo de ordenar las
secuencias formativas, a la pedagogía, a la metodología y a la didáctica. Dicho de otro modo,
el asesor debe llegar a ser un experto en la formación de personas, desarrollando en los
equipos pertinentes, una profunda vocación educadora.
Al mismo tiempo su tarea formativa debe ser también, intensamente participativa, para lo
cual necesita conocer a fondo la realidad de los jóvenes, estar atento a recoger sus
inquietudes, sus vacíos en la formación y sus interrogantes. Sólo así los jóvenes
experimentarán que la formación es una respuesta desde y para ellos y no un programa de
estudios carente de significación vital.
Pienso que esta mirada global y particular al desarrollo del camino formativo es
fundamental para el asesor, lo cual solicita una objetivación de los procesos, claves para
interpretarlos y una evaluación permanente. Una vez más hay que decir que todo esto es
imposible sin el sostenimiento de un equipo identificado con este rol educativo-evangelizador.
Hoy parece cobrar una atención particular el lograr la participación de los mismos jóvenes, en
el sentido de despertar, autentificar y expresar sus interrogantes formativas.[109]
Si tenemos presente cuánto se ha dicho del asesor formador es fácil darse cuenta que es a él y no al animador a
quien se le pide orientar los procesos fomativos, identificados con una vocación educativa-evangelizadora que
oriente a educar una mirada creyente sobre la vida y la historia para descubrir el Reino de Dios como don y tarea
en la historia y moldear, así, una existencia cristiana. Además, como se ha visto, es inherente a ésta, como a toda
tarea educativa, la interacción con las personas, en este caso con los jóvenes de las comunidades juveniles. En
todo caso, como no es indispensable que el asesor esté en todos los encuentros formativos, el animador ejerce una
delegación de este rol formativo por parte del asesor. Por eso a él también se le requiere ciertas competencias
SEMINARIO
educativas educativas como se ha visto en los requisitos para ser animador.
Otra tarea muy importante del asesor es acompañar a los animadores. Ellos son los
principales colaboradores al ejercer su rol de formador. Se espera que el asesor tenga una
preocupación privilegiada por el acompañamiento de los animadores, porque ellos multiplican
el esfuerzo formativo a la vez que fortalecen el camino formativo de las pequeñas
comunidades.
Este modelo pide a los asesores trabajar semana a semana con los animadores, a fin de
preparar los encuentros comunitarios; ayudándoles a evaluar el proceso para no perder nunca
de vista el sentido holístico de la formación. Al mismo tiempo el asesor debe apoyar la
capacitación permanente de los animadores y preocuparse por su crecimiento personal y
espiritual, con la convicción que los animadores advierten permanentemente la necesidad de
nutrir su experiencia creyente para entregarla a los demás jóvenes.[110]
Con todo, creo que se debería profundizar más y concretar hasta dónde llega esta colaboración de los
animadores. Por citar un ejemplo de lo que afirmo: en la tercera etapa de la comunidad juvenil cuando el
animador debe acompañar la formación en la maduración de la misión, con todo lo que significa educar a los
jóvenes a vivir como cristianos adultos, en íntimo diálogo con el Espíritu del Señor que inspira y capacita para
toda misión en la vida cristiana…¿hasta dónde podrá el animador, joven con los mismos interrogantes de los
integrantes de la comunidad, animar los encuentros formativos? Allí el asesor podrá contar con alguna
colaboración de él, pero más que todo de ayuda en alguna tarea.
6.2.2. El asesor es un organizador
El asesor tiene la responsabilidad de la organización de la pastoral juvenil local,
desarrollando, según las Orientaciones de la SEJ del CELAM, un modelo orgánico de trabajo
con los jóvenes a fin de superar el individualismo, el espontaneísmo, la improvisación y la
dispersión. Se trata de planificar la respuesta pastoral, fundamentar las opciones, moviéndose
con un propósito, para que las diversas acciones tengan coherencia y apunten al mismo
objetivo. De allí que colabore en la planificación anual del programa general de la pastoral
juvenil local y en la coordinación de su puesta en práctica. Por todo esto es indispensable el
aporte del asesor y de su capacidad de conducir organizadamente el proceso pastoral.[111]
El ISPAJ presenta la fundamentación de este rol desde las Orientaciones de la PJ
Latinoamericana y en los cursos de capacitación de asesores se aborda este tema desde dos
objetivos. Un objetivo es revisar, con los asesores, las dificultades más frecuentes en la
organización de la PJ, descubrir los roles del asesor y elaborar criterios para que la
organización pastoral cumpla con el sentido de favorecer una experiencia fraterna de
colaboración y corresponsabilidad.
El otro objetivo es adiestrarse en la planificación del proceso formativo de la comunidad
juvenil con el método de formación experiencial. Es decir el ISPAJ entrega los elementos
SEMINARIO
básicos del proceso de planificación, pero no los desarrolla ampliamente porque en hay otras
instituciones que se ocupan del tema[112]. El acierto, a mi modo de ver, es el ejercitar a los
asesores, con el método de aprender haciendo, a organizar y planificar el itinerario formativo
de la comunidad juvenil, ya que poco ayuda el organizar, coordinar y articular orgánicamente
actividades del grupo o de la PJ si no están dentro de una línea de acción con intencionalidad
educativa. Sin embargo, en la PJ todavía parece existir cierta improvisación, a veces facilitada
por agentes pastorales que poseen “carisma” para trabajar con jóvenes pero sin una
organización adecuada, lo cual compromete seriamente el futuro de la acción formativa.
6.2.3. El asesor es un orientador de personas
El ISPAJ constata que, más allá del apoyo que los jóvenes encuentran en sus grupos y
comunidades, muchas veces necesitan un apoyo personal. Es aquí donde, según el ISPAJ, el
asesor encuentra el sentido al rol de acompañamiento personal como actividad educadora. Se
trata de acompañar en forma individual a los jóvenes para que logren autoaclararse y encontrar
caminos de salida a situaciones existenciales que les ha desatado un margen de inquietud
suficiente como para solicitar ayuda.
El rol del asesor, en este sentido, consiste en favorer las condiciones para que el joven
descubra sus potencialidades y sus recursos de actitudes y conductas a fin de resolver
positivamente la situación conflictiva. Esta es la característica educativa del acompañamiento
personal. Para que este acompañamiento sea realizado con calidad se recomienda que los
asesores se capaciten pedagógica y técnicamente para desempeñar su papel[113]. La misma
práctica pastoral y la demanda formativa de los asesores ha llevado al ISPAJ a ampliar esta
dimensión del rol del asesor.[114]
En efecto no se trata sólo de una relación de ayuda en momentos conflictivos de la vida
que generan crisis traumáticas, sino de acompañar a elaborar el proyecto vocacional de vida,
para lo cual el asesor está desafiado a convertirse en un maestro espiritual de carne y hueso,
pero sin reemplazar o contradecir el camino formativo que el joven hace en la comunidad.
Sino sería regresar una concepción intimista e individualista de la formación, donde las
dimensiones más fundamentales e importantes de la vida, como por ejemplo, la autoaclaración
vocacional, quedan reservadas para el diálogo con el acompañante espiritual, como si, por otra
parte, la formación comunitaria fuese un “juego” superficial.
Por lo tanto, no basta la capacitación pedagógica y técnica, hace falta una identidad
espiritual de base vivida y testimoniada por el asesor adulto. Por eso el ISPAJ está convencido
que la evolución de la formación evangelizadora necesita nuevos formadores, por eso afirma,
también, que el asesor de PJ es uno de los roles adultos que es preciso ejercer con todas las
características del maestro. De este modo de la incial definición del asesor como servidor, se
puede afirmar que la identidad del asesor es, además, ser testigo y maestro, pastor de todos los
jóvenes de la unidad pastoral que se le ha confiado. Además, desde esta perspectiva de
SEMINARIO
orientación vocacional, el asesor no sólo acompaña y guía, también sostiene y hace propuestas.
6.3. La evaluación y la capacitación de los asesores y animadores
Es prevista una evaluación en todos los niveles (entre animadores; entre asesores y
animadores; entre asesores y asesores y las mismas comunidades juveniles)[115]. Además,
para sostener la formación incial y permanente de los asesores y animadores, el ISPAJ ofrece
una programación propuesta para capacitar a jóvenes, a adultos-jóvenes y a adultos-adultos a
fin de que acompañen calificadamente la formación de los pre-adolescentes, adolescentes y
jóvenes.
Con esa finalidad se desarrolla un programa de capacitación para los jóvenes animadores
(18 años como mínimo) que tienen o tendrán la responsabilidad de acompañar una
comunidad juvenil. En un primer nivel se los capacita para que puedan desempeñarse como
animadores del proceso de una pequeña comunidad juvenil. En un segundo nivel, se los
capacita como animadores del proceso de la pastoral juvenil local, a fin de desempeñar
diversas tareas tales como: convocatoria, coordinación, proyección misionera, animación
espiritual, etc.
Esta propuesta dirigida a los jóvenes Animadores se fortalece, además, con un Taller de
seguimiento personal y con Talleres de desarrollo personal, de creatividad, de actitudes de
animación y de recursos de expresión dramática para la animación grupal. Al presentar la
figura del animador hice una referencia a la necesidad de implementar una Escuela de
formación para animadores en esta línea, a fin de fortalecer su ministerio pastoral.[116]
Existe otro programa para capacitar personas adultas asesores (23 años como mínimo),
en un primer nivel, en elementos teológico-pastorales y pedagógico-metodológicos, con el fin
de acompañar calificadamente los procesos de la pastoral con jóvenes. Los contenidos que
proponen son: los preadolescentes, adolescentes y jóvenes de hoy: en que están y cómo
acompañarlos, la formación en la pastoral juvenil, el proceso comunitario y el itinerario
formativo, la organización pastoral, la pedagogía pastoral, la planificación del proceso
formativo de la comunidad juvenil y la identidad del asesor en la pastoral juvenil.[117]
Luego se propone un segundo nivel capacitación de asesores en el cual se revisa la práctica
de la asesoría, profundizando en los ámbitos y los criterios que orientan el modelo de PJO. Allí
los contenidos son: una mirada a los jóvenes, la revisión del modelo orgánico de PJ, la
planificación de los procesos formativos, la acción en la PJ, la convocatoria y la
desembocadura, la animación de la espiritualidad y la PJ en clave vocacional. Además, se
proponen talleres como los siguientes: Introducción al acompañamiento personal de jóvenes,
Formadores de animadores, Introducción a la pastoral con pre-adolescentes, Introducción a la
pastoral escolar, Acompañamiento pastoral de jóvenes adultos y la organización en la pastoral
SEMINARIO
juvenil.
También hay un curso para capacitar asesores en elementos teóricos y prácticos, que les
permita acompañar calificadamente a los jóvenes en la resolución de sus proyectos vitales a
través de la Pastoral Juvenil en clave Vocacional. Allí se profundiza un marco teórico, un
itinerario, una pedagogía y un método apropiado para hacer más significativa la dimensión
vocacional en la pastoral con jóvenes. Los contenidos del programa son: la historia e la PJ y la
evolución socio-cultural; el paradojal sabor del futuro: la vocación humana y el contexto sociocultural;
los modelos de los proyectos vitales: la evolución cultural del concepto de vocación;
el sueño de Dios y la fuerza de la bellota: claves para un concepto renovado de la vocación
humana; líneas de acción para la PJ en clave vocacional y el ministerio del maestro: identidad
y rol del asesor en el acompañamiento vocacional. Es desde este curso que se ha abierto una
puerta a una profundización y enriquecimiento del rol del asesor, asumiendo el ministerio del
acompañamiento vocacional.
7. Síntesis final
Al finalizar la presentación del modelo orgánico de PJ del ISPAJ hago una breve síntesis
que permita tener una visión de su propuesta pastoral a los asesores. Ante todo recordemos que
este Instituto nació hace 31 años, por amor a los jóvenes y su evangelización. De preparar
asesores y monitores de Confirmación pasó a preparar asesores que convocasen a los jóvenes a
vivir una experiencia de discipulado en torno a una pequeña comunidad juvenil, dada la gran
afluencia de jóvenes a las parroquias.
Precisamente esto hizo que, desde el inicio, los adultos asesores se vieran necesitados a
delegar en jóvenes animadores su rol formativo-evangelizador, dada la gran demanda de
atención pastoral por parte de los mismos jóvenes y siguiendo la inspiración de Puebla, en el
sentido que los jóvenes evangelicen a los jóvenes. De este modo se invitaba a los mismos
jóvenes a discernir la presencia del Dios liberador en la vida cotidiana, encontrando en Jesús
de Nazaret, el Señor resucitado, el sentido de sus vidas.
Para acompañar a los asesores y animadores en su tarea formativa enseguida el ISPAJ
implementó un programa de capacitación que, con el tiempo, se ha ido diversificando en
diversos niveles, a fin de apoyar calificadamente la formación de estos agentes pastorales en el
modelo orgánico de la PJ latinoamericana. Todo lo cual fue solicitando al mismo ISPAJ el
esfuerzo por conocer y responder las diversas etapas de la vida juvenil, preadolescentes,
adolescentes y jóvenes; y por responder a sus ambientes y necesidades específicas. Así la
asesoría se fue diversificando en asesores para la PJ parroquial, rural, escolar y juvenil en
clave vocacional para responder pastoralmente de modo diferenciado.
El modelo Orgánico de PJ para el que son formados los asesores y animadores, en términos
muy generales, propone a los jóvenes vivir una experiencia comunitaria, como pequeña Iglesia
SEMINARIO
en torno a Jesús, donde pueden experimentar un proceso formativo a partir del dato de su fe
inicial para llegar a una fe más madura, consolidando su madurez individual, grupal y social.
Este proceso ha supuesto hacer que todos los jóvenes que viven el discipulado de diversas
maneras sean los interlocutores de su propuesta pastoral, de tal modo que éstos acerquen a
otros jóvenes necesitados los frutos del Reino, es decir, las posibilidad de una vida con
cualidad. Dicho con otras palabras, se busca responder a todos los jóvenes entendidos como
generación, a los que acercan a la Iglesia y a los que se comprometen establemente.
El contexto en el cual los asesores acompañan a los jóvenes en su camino de formación
exige una mirada creyente a los desafíos globales y particulares que ellos presentan, a sus
valores y a los acentos formativos a potenciar, según se trate de los preadolescentes,
adolescentes o jóvenes. Por eso se han desarrollado respuestas por sectores socio-económicos,
y por ambientes específicos. Este contexto en que viven los jóvenes, con sus necesidades, se
ha convertido en el dato inicial para desencadenar los procesos formativos, de allí su
importancia. Lo cual ha llevado a acentuar un modelo existencial de práctica pastoral, donde el
lugar privilegiado de la acción formativa es la vida cotidiana del joven, reconociendo que la
realización de sí mismo no es nunca un hecho exclusivamente personal, implica las
dimensiones sociales y colectivas.
Dicho contexto y necesidades de los jóvenes se iluminan con los criterios teológicos,
antropológicos y pedagógicos a fin de traducirlos en objetivos para la acción formativaevangelizadora.
De este modo se quiere permitir que Jesús y su Evangelio se actualice como
una respuesta a las preguntas de los jóvenes, como un ensanchamiento de sus propios valores,
como apertura a sus problemas y satisfacción de sus aspiraciones más legítimas. A la vez que
se les anuncia con fidelidad el Reino de Dios con toda la radicalidad de su exigencia de
transformación de la vida personal y social.
Es decir, se propone a los asesores una capacitación que les permita darse cuenta que el
anuncio fiel del Reino de Dios es un desafío de orden teológico-cultural y que la presentación
de Jesús y su Evangelio como respuesta a una pregunta sentida de los jóvenes es un desafío de
orden pedagógico-pastoral. En esto consiste, precisamente, el concepto renovado de formación
que se experimenta sobre todo en la experiencia de la pequeña comunidad juvenil como
espacio propicio para que los jóvenes puedan crear nueva vida y celebrar esta novedad de vida
en nombre del Señor de la Vida.
Por eso hay algunos aportes del ISPAJ que para todo asesor son muy valiosos, como por
ejemplo, el sentido comunitario de la formación, el concepto procesual de la formación, la
formación holística y sistémica, la formación permanente Esto quiere decir que la búsqueda de
una renovación de la formación ha consistido en lograr una armonización que supere el riesgo
de una formación parcial y el riesgo de los acentos abstractos, esencialistas y deductivos, para
dar paso a una formación existencial, totalizadora y en diálogo, dando todo su peso a la fuerza
subjetiva que hoy se considera indispensable en la formación de personas.
SEMINARIO
La formación integral en esta propuesta se vive como una totalidad, en un proceso
comunitario desarrollado a través de cuatro ejes que se conjugan simultáneamente:
personalización, socialización, crecimiento grupal y discernimiento cristiano. Estos ejes se van
desarrollando a modo del espiral que se va agrandando según progresa su desarrollo, creciendo
en extensión y profundidad.
Al mismo tiempo este modelo impulsa la profunda convicción acerca de la importancia de
la pedagogía en la evangelización. A diferencia de otras épocas en las que se otorgaba
exclusiva importancia a los contenidos, el modelo busca convencer a los asesores de que el
modo de evangelizar debe ser coherente con el contenido de la evangelización, porque el
Mensaje de Jesús es a la vez un contenido y un modo de transmitirlo.
La pedagogía, de hecho, se redefine como el tipo de relación que une al educador y al
educando y a los educandos entre sí en un determinado espacio y tiempo. De este modo los
contenidos a transmitir son la ocasión para enseñar y aprender, en la relación pedagógica, una
forma de comunicación. Estos criterios pedagógicos inspiran los rasgos de la pedagogía
pastoral: testimonial, comunitaria, experiencial, participativa, transformadora y progresiva. Si
el asesor opera con estos criterios pedagógicos será posible, entonces, formar personas cuya
primera opción sea Jesucristo y su Evangelio. Es decir, será posible llevar adelante una
formación evangelizadora que permita consolidar una identidad creyente, abarcando desde la
fe todas las dimensiones de la vida en su contexto, logrando la unidad entre fe y vida y entre fe
y cultura.
En coherencia con lo anterior el ISPAJ propone respetar ciertos criterios a la hora de
seleccionar los recursos metodológicos y didácticos. Entre otros, se asigna particular
importancia a criterios metodológicos como favorecer la significación existencial de la
formación, tener una mirada totalizadora de la experiencia formativa, estimular la motivación,
favorecer una profundización gradual sin dejar de ser concreta. Todo esto a fin de integrar la fe
y la vida ya que el objetivo de la formación en la pastoral con jóvenes, no lo olvidemos, es
acompañar a los jóvenes a madurar personal, social y grupalmente y todo ello iluminado desde
la fe. Para tal fin el ISPAJ propone a los asesores y animadores el método de formación
experiencial con sus pasos de motivación, descripción de la experiencia, análisis de la
experiencia y discernimiento de la experiencia.
Si tenemos presente todo este recorrido, la identidad del asesor y del animador es la de ser
un servidor de este camino formativo. Al joven animador se le pide vitalizar y apoyar el
crecimiento de la comunidad juvenil con determinadas tareas. Al asesor se le pide ser un
servidor o ministro que revela el proyecto de Dios para con los jóvenes y los proyectos de los
jóvenes para responder al proyecto de Dios en sus vidas. Por eso su rol viene definido como el
de un formador, garante de la formación evangelizadora de los jóvenes, que orienta los
procesos formativos y acompaña a los animadores, sus más inmediatos colaboradores.
Además, también el asesor es un organizador responsable de la PJ local y un orientador de
SEMINARIO
los jóvenes en su camino vocacional, convirtiéndose así en un testigo y un maestro de carne y
hueso para los jóvenes que buscan sentido a sus vidas y que necesitan ser acompañados a dar
carne humana al sueño de Dios para sus vidas, es decir, necesitan ser acompañados en la
elaboración de sus proyectos de vida cristiana.
Como se puede apreciar ésta, la del ISPAJ, es una propuesta que ha puesto su acento en la
dimensión educativa del asesor, especialmente a la hora de fundamentar la formación en la PJ.
La fundamentación teórica de la identidad y del rol del asesor está desarrollada en sus partes
más importantes en una publicación realizada en conjunto con la Comisión Nacional de PJ de
Chile y es tema dentro de otros temas: jóvenes, evangelización, formación, etc.
Pero no hay una publicación dedicada explícitamente a la identidad, al rol y a la
espiritualidad del asesor. Sucede que éste aspecto ha sido uno de los tradicionales “cuellos de
botella”, por así decirlo, en la acción evangelizadora de la PJ en América Latina.
Primeramente, porque no hay asesores en un número mínimo suficiente, con estabilidad o
continuidad en su servicio pastoral, especialmente cuando una de sus tareas es implementar un
proceso formativo. Y en segundo lugar, está presente la necesidad de que tengan empatía con
los jóvenes y éstos lo sientan así, además de una adecuada capacitación competente para el
desempeño de su rol.
En efecto, las exigencias del acompañamiento de los jóvenes, va revelando que no basta la
buena voluntad o buena disposición. Hace falta impulsar más la necesidad de generar el
“Ministerio del asesor de PJ y Vocacional”.
[1] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE - COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por
las Huellas de Jesús. Orientaciones para una pastoral juvenil orgánica, Santiago de Chile, Tiberíades, 1995, 126-
128.
[2] Cf. ISPAJ, Millones de chispas, Santiago de Chile, Publispaj, 1995, 7.
[3] Cf. Ibidem, 8.
[4] Cf. ISPAJ, Una historia para compartir, Santiago de Chile, ISPAJ, 2000,4.
[5] Cf. Ibidem, 4.
[6] Cf. ISPAJ, Millones de Chispas, Santiago de Chile, Publispaj, 1995, 9.
[7] Cf. Ibidem, 10-11.
[8] En 1987, como ya se vió en el capítulo anterior, la SEJ del CELAM propuso el Modelo Orgánico para la
Pastoral Juvenil del Continente como aporte específico a la Civilización del Amor en América Latina. Cf.
CELAM-SEJ, Pastoral Juvenil, Sí a la Civilización del Amor, Santafe de Bogotá, Publicaciones CELAM, 1987.
[9] Cf. ISPAJ, Una historia para compartir, Santiago de Chile, ISPAJ, 2000, 5.
[10] Cf. Ibidem, 5.
[11] Cf. Ibidem, 5.
[12] Cf. Ibidem, 7.
SEMINARIO
[13] SD, nn 114.119.
[14] Cf. ISPAJ, Una historia para compartir, Santiago de Chile, ISPAJ, 2000, 8.
[15] Cf. Ibidem, 8.
[16] Cf. SD, n. 119.
[17] Cf. ISPAJ, Una historia para compartir, Santiago de Chile, ISPAJ, 2000, 9.
[18] A partir de los resultados de la investigación, el Instituto elaboró una propuesta de atención pastoral a los
jóvenes adultos, invitándolos a vivir encuentros inspiradores en un grupo de estilo comunitario, con encuentros
mensuales. En la actualidad se ofrece un taller de capacitación de asesores de pastoral con jóvenes y se está
elaborando un itinerario formativo de acompañamiento a esta propuesta. Cf. ISPAJ, Una historia para compartir,
Santiago de Chile, ISPAJ, 2000, 10.
[19] SD, n. 120
[20] Cf. CELAM-SEJ, Civilización del Amor. Tarea y esperanza, Santafe de Bogotá, Centro de Publicaciones del
CELAM, 1995, 227.
[21] Cf. ISPAJ, Una historia para compartir, Santiago de Chile, ISPAJ, 2000, 11.
[22] Cf. Ibidem, 12.
[23] Cf. Ibidem, 13.
[24] Cf. Ibidem, 14.
[25] Cf. Ibidem, 15.
[26] Cf. A. M. DÍAZ, El ministerio de formar a los jóvenes, Santiago de Chile, ISPAJ, 1998, 33-42.
[27] Cf. COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL - AREA DE AGENTES EVANGELIZA-DORES,
Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y Evangelización, Santiago de Chile, Publispaj, 1988, 61.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE - COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por las
Huellas de Jesús. Orientaciones para una pastoral juvenil orgánica, Santiago de Chile, Tiberíades, 1995, nn.
185-195.
[28] Cf. ISPAJ, Preparar el camino. Itinerario de acompañamiento para comunidades rurales y de ciudades
pequeñas, Santiago de Chile, Publispaj, 1997.
[29] Cf. ISPAJ, Aportes a la pastoral con jóvenes. La calidad de nuestra asesoría, Santiago de Chile, ISPAJ, 1999,
1-2.
[30] Además de los Documentos del Concilio, en especial Lumen Gentium (1964) y Gaudium et Spes (1965), es
notable la influencia de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (1975) de Pablo VI sobre la
evangelización en el mundo contemporáneo.
[31] Ya hemos visto como, en la historia del ISPAJ, están presente los Documentos de Medellín (1968), Puebla
(1979) y Santo Domingo (1992).
[32] Anualmente hay una reunión de estos Institutos donde se reflexiona en torno a un tema. La sede del
encuentro va rotando por los diversos países donde los mismos se encuentran. Por ejemplo, la última reunión fue
en octubre de 1999 en Cupertino, California (EEUU). Fue el V encuentro y estuvieron presentes más de doce
Institutos que conforman la Red de América Latina.
[33] Cf. COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL - AGENTES EVANGELIZADORES DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y
Evangelización, Santiago de Chile, ISPAJ, 1988, 25.
SEMINARIO
[34] Cf. Ibidem, 26.
[35] Cf. Ibidem, 27-28.
[36] Cf. Ibídem, 16-18.
[37] Cf. Ibídem, 19-26.
[38] Cf. Ibídem, 37.
[39] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE-COMISIÓN NACIONAL PASTORAL JUVENIL, Por las
huellas de Jesús, Santiago, Tiberíades, 1988, 63.
[40] Cf. ISPAJ, Talithaqum. Programas y orientaciones para la pastoral de preadolescentes, Santiago de Chile,
Publispaj, 1999.
[41] Cf. COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL-AREA EVANGELIZADORES DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes, jóvenes. Pedagogía y
Evangelización, Santiago de Chile, Publispaj, 1988, 29.
[42] Cf. Ibídem, 30.
[43] Cf. I. MARX. ISPAJ, Los jóvenes después de los 20: ya es tiempo de ¿…, Santiago de Chile, Publispaj,
2000.
[44] Cf. COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL-AREA EVANGELIZADORES DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes, jóvenes. Pedagogía y
Evangelización, Santiago de Chile, Publispaj, 1988, 31-32.
[45] Cf. Ibídem, 73-76.
[46] Cf. ISPAJ, La calidad de nuestra asesoría. Aportes al desempeño del asesor de pastoral con jóvenes,
Santiago de Chile, ISPAJ, 1999.
[47] Cf. A. M. DÍAZ y otros, La fuerza de la bellota. Orientaciones para una pastoral juvenil en clave
vocacional, Santiago de Chile, ISPAJ, 1998, 85.
[48] Cf. ISPAJ, La calidad de nuestra asesoría. Aportes al desempeño del asesor de pastoral con jóvenes,
Santiago de Chile, ISPAJ, 1999.
[49] Cf. A. M. DÍAZ, El ministerio de formar a los jóvenes, Santiago de Chile, Publicaciones ISPAJ, 1998, 42.
[50] Cf. Ibidem, 39.
[51] Cf. Ibidem, 41.
[52] Cf. Ibidem, 43.
[53] Cf. Ibidem, 44.
[54] Cf. Ibidem, 45.
[55] Cf. Ibidem, 46.
[56] Cf. Ibidem, 47-48.
[57] Cf. Ibidem, 49-51.
[58] Cf. Ibidem, 52.
[59] Cf. Ibidem, 65-71.
[60] Cf. ISPAJ, Apuntes para una Pedagogía Pastoral, Publispaj, Santiago de Chile, 1995.
SEMINARIO
[61]COMISIONAL NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL-AREA DE AGENTES EVANGELIZA-DORES,
Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y Evangelización, Santiago de Chile, Publispaj, 1988, 86.
[62] Cf. A. M. DÍAZ, El ministerio de formar a los jóvenes, Santiago de Chile, Publicaciones ISPAJ, 1998, 53.
[63] Cf. Ibidem, 54-57.
[64] Cf. Ibidem, 38-42, 53-60. Comisión Nacional de Pastoral Juvenil-Area de Agentes Evangelizadores de la
Conferencia Episcopal de Chile, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y Evangelización, Santiago
de Chile, Publispaj, 1988, 88-107.
[65] Cf. Ibidem, 67-68.
[66]Cf.COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL-AREA DE AGENTES EVANGELIZADORES DE
LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y
Evangelización, Santiago de Chile, Publispaj, 1988, 17.
[67] Cf. Ibídem, 39-53.
[68] Cf. Ibídem, 48-52.
[69] Cf. ISPAJ, Jóvenes para un pueblo nuevo (1). Itinerario para la iniciación del camino comunitario, Santiago
de Chile, Publispaj, 1994, 9-25.
[70] Cf. ISPAJ, El Camino Comunitario, Publispaj, Santiago de Chile, 1995
[71] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE-COMISIÓN NACIONAL PASTORAL JUVENIL, Por las
huellas de Jesús. Orientaciones para una pastoral juvenil orgánica, Santiago, Ed. Tiberíades, 1995, 80-81.
[72] Cf. Ibidem, 81-83.
[73] Cf. ISPAJ, Jóvenes para un pueblo nuevo (1). Itinerario para la iniciación del camino comunitario, Santiago
de Chile, Publispaj, 2000.
[74] Cf. ISPAJ, Jóvenes para un pueblo nuevo (2). Itinerario para la maduración de la fraternidad, Santiago de
Chile, Publispaj, 1998.
[75] Cf. ISPAJ, Jóvenes para un pueblo nuevo (3). Itinerario para la maduración de la misión, Santiago de Chile,
Publispaj, 1996.
[76] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por
las huellas de Jesús, Orientaciones para una pastoral orgánica, Santiago, Ed. Tiberíades, 1995, 188-191.
[77] Cf. Ibídem, 289-291.
[78] Cf. Ibídem, 293.
[79] Cf. Ibídem, 295-313.
[80] Cf. Ibídem, 317-321.
[81]Cf. A. M. DÍAZ, El ministerio de formar a los jóvenes, Santiago de Chile, Publicaciones ISPAJ, 1998, 104-
110.
[82]Cf. COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL - AREA DE AGENTES EVANGELIZADORES
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes, Santiago de Chile,
Publispaj, 1988, 118.
[83] Cf. Ibidem, 120.
[84] Cf. A. M. DÍAZ, El ministerio de formar a los jóvenes, Santiago de Chile, Publicaciones ISPAJ, 1998, 106.
SEMINARIO
[85]Cf. COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL - ÁREA DE AGENTES EVANGELIZADORES
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Nuestra mirada se detiene en los jóvenes. Pedagogía y
evangelización, Santiago de Chile, Publispaj, 1988, 121.
[86]Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE - COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por
las huellas de Jesús. Orientacines para una pastoral juvenil orgánica, Santiago, Tiberíades, 1995, 260.
[87] Cf. Ibidem, 261.
[88] Cf. Ibidem, 262.
[89] Cf. Ibidem, 263
[90] Cf. ISPAJ, Método de Formación Experiencial, Publispaj, Santiago de Chile, 1995.
[91] Cf. Ibidem,130.
[92] Cf. Ibidem, 131.
[93] Cf. Ibidem, 135.
[94] Cf. Ibidem, 136.
[95]Cf. ISPAJ, Método de formación experiencial para los animadores, Santiago de Chile, Publispaj, 1995,12.
[96] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE-COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por
las huellas de Jesús. Orientaciones para una Pastoral Juvenil Orgánica, Santiago de Chile, Tiberíades, n. 263.
[97] Cf. Ibidem, nn. 282-283.
[98] Cf. ISPAJ, El animador en la pastoral juvenil, Publispaj, Santiago de Chile, 1995.
[99] Cf. Ibidem, nn. 284-285.
[100] Cf. ISPAJ, Convicciones juveniles. Estudio descriptivo de la visión del mundo de los animadores de la
pastoral juvenil, Santiago de Chile, Publispaj, 1992.
[101] Cf. Ibidem, nn. 286.
[102] Cf. ISPAJ, El animador en la comunidad juvenil, Santiago de Chile, ISPAJ, 1988, 7-12.
[103] Cf. Ibidem, 13-17.
[104] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE-COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por
las huellas de Jesús. Orientaciones para una Pastoral Juvenil Orgánica, Santiago de Chile, Ed. Tiberíades, n.
264.
[105] A. M. DÍAZ, El ministerio de formar a los jóvenes, Santiago de Chile, Santiago de Chile, ISPAJ, 1998, 5.
[106] Cf. Ibidem, n. 266.
[107] Cf. Ibidem, n. 267.
[108] En esta línea alguno hablan del asesor como “padrino”.
[109] Cf. Ibidem, nn. 268-271.
[110] Cf. Ibidem, nn. 272-273.
[111] Cf. Ibidem, 274-275.
[112] El CELAM ofrece un curso de coordinación pastoral. También la Casa de la Juventud, de los Jesuitas de
Bogotá, ofrece un curso semestral dedicado a la planificación pastoral.
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[113] Cf. Ibidem, nn. 277-280.
[114] Cf. ISPAJ, Amar y consolar. Orientaciones para el seguimiento personal en la pastoral con jóvenes,
Santiago de Chile, Publispaj, 1992.
[115] Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE-COMISIÓN NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Por
las huella de Jesús.Orientaciones para una pastoral juvenil orgánica, Santiago de Chile, Tiberíades, 1995, n. 293.
[116] INSTITUTO SUPERIOR DE PASTORAL DE JUVENTUD (ISPAJ), Acompañando a los animadores.
Taller de seguimiento formativo, Santiago de Chile, Publispaj, 1991.
[117] Cf. ISPAJ, La calidad de nuestra asesoría. Aportes al desempeño del asesor de pastoral con jóvenes,
Santiago de Chile, Publispaj, 1999.